RICARDO DA COSTA - Las definiciones de las siete artes liberales y mecánicas en la obra de Ramón Llull


La Gramática, la Astronomía, La Aritmética y la Geometría

Las siete artes liberales (Rotschild Canticles – siglos XIII-XIV, f. 6v, Northern France. Yale University).

En ese bello dibujo de un manuscrito francés de finales del siglo XIII, hay la representación de las siete artes liberales. Arriba, a la izquierda, la Gramática aplica un castigo a un alumno, delante de toda la clase (los cuatro alumnos parecen divertirse con la escena); a la derecha, la Astronomía, representada por un astrónomo que mira los cielos (la Luna, el Sol y las estrellas) para hacer sus apuntes; Abajo, en una sólo escena, la Aritmética y la Geometría, ambas con sus materiales de enseñanza. Note que el artista no obedeció la orden de presentación de los artes, pues mezcló el trivium y el quadrivium.

Resumen: Parte de un trabajo de investigación post-doctoral realizado en 2005 en la Universitat Internacional de Catalunya (Barcelona) con beca de la Generalitat de Catalunya, este artículo analiza las definiciones y clasificaciones de las siete artes liberales y mecánicas en las siguientes obras del filósofo Ramón Llull: el Libre de contemplació en Déu (1274-1276), la Doctrina pueril (c. 1274) y el Arbre de ciència (1295-1296).

Abstract: Being part of a post-doctoral research undertaken at the Universitat Internacional de Catalunya (Barcelona), kindly sponsored by a grant from the Generalitat de Catalunya, this article analyses the definitions and classifications pertaining to the seven liberal and mechanical arts, as presented in the following works of Ramón Lull: the Libre de contemplació en Déu (1274-1276), the Doctrina Pueril (c.1274) and the Arbre de ciència (1295-1296).

Palabras-clave: artes liberales – Ramón Llull – filosofía medieval.

Keywords: seven liberal arts – Ramon Llull – medieval philosophy.

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I. Las artes en el Libre de contemplació en Déu (1274-1276)

Cuando Ramón Llull decide en el Libre de contemplació en Déu mirar este mundo en un capítulo dedicado al sentido de la visión [3], observa y describe su sociedad, el mundo de Mallorca de fines del siglo XIII. Y lo hace con una severidad y un rigor tan crítico que su texto se convierte en una perla para nosotros, pues salta de sus líneas toda la rica y variada vida social de entonces, con un vigor que su contenido transciende y traspasa incluso el lirismo de su texto.

Esta característica se explica de una manera simple: el modelo de vida para Ramón siempre es Jesucristo. Y para Llull el mundo se encuentra perdido: los hombres verdaderos se deben proteger de lo que los otros hacen, pues todos buscan la segona intenció. Además, gracias a la acción del hombre, todo lo que Dios hizo cambió para peor; la materia, naturalmente sucia, se convirtió en la primera intenció de todos, y los ojos humanos, los mismos ojos que deberían mirar las cosas bellas con sus “ojos espirituales”, miran todo con sus “ojos materiales”. [4].

Pues bien. A través de la pluma de Ramón Llull la sociedad medieval surge y renace delante de nuestros ojos. Siguiendo su método de ascenso hacia las cosas divinas, de las cosas particulares a las generales, Llull inicia su texto con los vegetales [5], sigue con los animales y las aves [6] hasta llegar a los hombres. Y en el mundo de los hombres, Llull cambia de mirada y la inicia con el mayor y más noble estamento: los clérigos.

Naturalmente, él habla muy bien de los clérigos, e incluso su visión de ellos y de su oficio es muy semejante al modo de vida de los cluniacenses: como “los guerreros cantantes de Dios” [7], los clérigos lulianos del Libre de contemplació no tienen que labrar la tierra, ni hacer mercancías u otro oficio cualquier; ellos están entre nosotros solamente para hacer alabanza a Dios y dar bendición al pueblo en las iglesias, y mejor conocer las Sagradas Escrituras. [8] El abad Suger de Saint-Denis (1081-1151) no hablaría tan bien – para el total desacuerdo del gran cisterciense Bernardo de Claraval (1090-1153). [9] Esa “tendencia cluniacense” en el texto luliano es muy paradójica e interesante, pues fueron los cistercienses quienes mejor se establecieron en Mallorca – probablemente Llull llegó a estudiar en una de sus abadías, de La Real [10] (la Vita coetanea cita dos veces una abadía mallorquina frecuentada por Ramón [11] e identificada por los especialistas con La Real [12]).

Después de los clérigos, Ramón advierte y se lamenta a Dios por la segona intenció que existe en los señores del poder, en los príncipes y los caballeros. [13] Los príncipes roban a su pueblo y gastan el dinero en vanidades; son enemigos de los hombres verdaderos, son malos y vanagloriosos. Los caballeros matan a los hombres justos y a aquellos que aman más la paz que la guerra: son caballeros mundanos, los cuales ciertamente estarán en las penas infernales. Pero hay caballeros celestiales, que combaten con amor, con paciencia y lealtad – pasaje que parece aludir a los caballeros de las órdenes militares y muy similar al texto de Bernardo de Claraval, De laude militiae. [14]

Después de hablar de los peregrinos y de sus defectos, Llull inicia su exposición sobre los oficios y las profesiones. La inicia con los jueces, los abogados y los testigos, es decir, todos los sujetos del Derecho. Eso da el tono del Libre de contemplació: por un lado, no hay referencia a las artes liberales, ni al trivium ni al quadrivium, sólo al universo de las artes mecánicas y a los oficios pertenecientes a la Medicina y al Derecho; por otro, ese texto trae a nosotros un retrato muy realista de las relaciones sociales de fines del siglo XIII.

Así, los jueces hacen exactamente lo contrario de lo que deberían hacer: condenan los inocentes y absuelven a los culpables, desviándose totalmente de la verdad; los abogados, para tener honor y dinero, se esfuerzan en mostrar la falsedad a los jueces: ambos son hombres muy malos y ciertamente tendrán una mala muerte. Con los testigos no es diferente: ellos son corrompidos por dinero y así corrompen y enturbian todo el mundo.

Esa perplejidad de Llull hacia la conducta de los jueces y abogados es muy semejante al tono acusador de Bernardo de Claraval. En su Tratado sobre la consideración (De consideratione, 1149-1152), obra dedicada al papa Eugenio III (1145-1153), Bernardo incita Eugenio a donar más tiempo a la meditación que a los problemas prácticos y administrativos de la Iglesia, y que cierre los labios lisonjeros y las lenguas mentirosas de los abogados. Pues eses hombres malos “…son sagaces para hacer el mal y maestros en impugnar la verdad. Dan lecciones a quienes deberían instruirles y no se basan en la evidencia, sino en sus invenciones. Calumnian ellos mismos al inocente. Desbaratan la simplicidad de la misma verdad. Obstruyen el camino de la justicia.” [15]

Y cómo Bernardo, Llull prosigue y profundiza sus críticas: la realidad es tan mala y los hombres del Derecho se encuentran tan pervertidos que Ramón dice que camina por las calles procurando encontrar solamente un juez o un abogado verdadero, pero no encuentra ninguno. Y esos malditos hombres son amados, honrados y muy considerados por los reyes, los altos barones y los hombres ricos. ¿Y por qué? Por que dan a los ricos y roban a los pobres, y por eso los mismos pobres los maldicen, los blasfeman y los odian.

En ese momento, Llull ofrece una bella contraposición literaria de naturaleza franciscana: abogados y jueces de un lado, pobres de otro:

Molt me dó gran meravella, Sènyer, com pot ésser que.ls jutges e.ls advocats són apellats hòmens savis, car segons veritat, en tot lo món, Sènyer, no m’és vijares que haja tan folls hòmens ni tan pecs; per què parria raó, Sènyer, que ells deguessen ésser apellats hòmens folls, e no savis. [16]

Los primeros cabalgan en bellos caballos y palafrenes, con bellas vestimentas, y comen siempre cosas muy delicadas; ¡los pobres quedan tristes, lloran y adolecen por los engaños, las injurias y las falsedades de los hombres del Derecho! ¿Cómo pueden ellos ser llamados sabios? ¡Eso es una gran maravilla!

¿Y los médicos? Ramón tiene un especial aprecio por la Medicina, y es un pionero en esa materia en Cataluña, pues los primeros textos (y traducciones) al catalán sobre temas médicos son del inicio del siglo XIV [17], lo que torna sus escritos pioneros. Su contacto inicial con el mundo de la medicina probablemente tuvo lugar durante su primera estancia en la Universidad de Montpellier, en 1275 cuando fue llamado por el príncipe Jaime para que sometiese sus obras al análisis de un franciscano (que las aprobó [18]). Montpellier ya se había convertido en un centro universitario en 1220, y reconocida como studium generale por bula papal de 1289. [19]

De esa manera, el viaje de Llull hasta Montpellier en 1275 fue el punto de partida de sus escritos sobre medicina. [20] En el Libre de contemplació hay dos tipos de médicos del cuerpo: los que curan las enfermedades internas (con jarabes y bebidas) – son los físicos – y los que curan las enfermedades externas (con fuego, ungüentos emplastos, pólvoras y hierbas) – son los cirujanos. [21] Llull opone los médicos del cuerpo a los médicos del alma – los religiosos – que curan las enfermedades espirituales mostrando a los hombres las virtudes humanas y divinas (bondad, justicia, nobleza, misericordia, voluntad, señoría y poder).

Sin embargo, muchos más hombres mueren que los que son curados por los médicos, debido a que ellos no tienen conocimiento de su Arte – afirmación que se repite después en el Arbre de ciència. Además, ellos trabajan con la segona intenció, pues su mayor objetivo es juntar riquezas y tener fama. [22] En ese “discurso metaforizado” [23] que suplica a Dios que cambie los desvíos de la conducta humana, Ramón Llull no se detiene mucho en la doctrina de los cuatro elementos y de las cuatro compleciones (que veremos más adelante) – su medicina en el Libre de contemplació es básicamente una medicina teológica, pues él defiende, entre otras cosas, que los médicos también deben curar por confesiones, penitencia y buenas obras [24], porque para los hombres de la Edad Media no era posible separar los acontecimientos corporales de su significado espiritual. Aún así, su discurso se mantiene con un fuerte tono de crítica social y de búsqueda del martirio, siempre teniendo en cuenta la imagen de Jesucristo. [26]

Después de hablar con Dios a respecto de dos oficios liberales – el Derecho y la Medicina (y con un tono muy crítico y lamentoso) – Llull inicia sus meditaciones divinas sobre las artes mecánicas. Son esos los profesionales citados:

1) Mercaderes,
2) Marineros,
3) Juglares y trovadores,
4) Pastores,
5) Pintores,
6) Labradores,
7) Maestros de oficios y otros (¡son 35!: herreros [27], carpinteros, albañiles y tapiceros, orfebres y acuñadores, escribanos [28], zapateros, sastres, peleteros, tejedores, barberos, carniceros [29], cazadores con trampas y lazos, tenderos, molineros, cristaleros, alfareros y aceiteros, horneros, hortelanos, taberneros, alcaldes [30], vicarios [31], procuradores [32], alguaciles [33], carteros, pregoneros, cambistas, trajineros, jugadores, ballesteros, corredores, calafates y transportadores).

¡En el total de esta riquísima visión de la sociedad de su tiempo, Llull nos muestra dos oficios liberales (abogados y médicos), dos musicales (juglares y trovadores) y treinta y nueve oficios mecánicos! Su mirada hacia el mundo urbano se explica por la lenta y tenaz valorización del trabajo ocurrida en el siglo XIII. Oficios hasta entonces considerados viles o ilícitos fueron rehabilitados, como el de carnicero y el de hostelero. [35] Y Llull empieza con los mercaderes por que en su tiempo ocurrió una aceptación del lugar de los mercaderes en la sociedad. La principal justificación de la actividad mercantil estaba representada por su trabajo a servicio de la sociedad. [36] Por ejemplo, Thomas de Chobham, en un manual para confesores de principios del siglo XIII escribió: “Existiría una gran indigencia en numerosos países, si los mercaderes no llevasen lo que abunda en un lugar hasta otro donde estas mismas cosas faltan…” [37]

Llull utiliza básicamente las mismas argumentaciones:

Ah Deus amorós, excellent sobre totes altees, noble sobre tots honraments! A vós, Sènyer, sien donades glòries e laors, qui havets donada art e ofici de mercaderia en los hòmens, car nós veem, Sènyer, que.ls mercaders que han ofici de camiar les camiar les coses vils per les bones, e veem que porten en les terres aquelles mercaderies que hi són necessàries, les quals venen a carestía. [38]

Curiosamente, él no cita ni los profesores ni las artes del trivium y del quadrivium, aunque el oficio de los juglares y trovadores pueda ser inserto en la Música del quadrivium, como hace Pere Villalba [39], ya que Llull inserta la juglaría en el arte de la Música del quadrivium, como veremos más adelante. Es razonable suponer que esta ausencia se explica por el hecho de que Llull se encontraba entonces en Mallorca y desconocía esos oficios, o por lo menos no tenía un contacto profundo y regular con ellos.

Sin embargo, en Mallorca ya existían escuelas conventuales organizadas por los dominicos que enseñaban las artes del trivium (gramática, retórica y lógica). [40] De una manera general, la visión que Llull tiene de las artes mecánicas es muy positiva. Para él, debemos agradecer a Dios por habernos dado el arte y el oficio del comercio, pues los mercaderes cambian las cosas malas por las buenas, y sus errores – como la venta de cosas para los deleites corporales [41] – no vuelven su oficio desgraciado.

Llull descubre tres tipos de hombres del mar: los mercaderes, los corsarios y los pescadores. En todos Ramón encuentra a Jesucristo:

Los mariners, Sènyer, veem que meten a les naus e als lenys timons per tal que vagen dret per la mar e que menen les naus e.ls lenys lla on volen anar. On, beneit siats vós, Sènyer, que havets donada a home lig e vera fe, per la qual lig e fe hom pusca pervenir a la vostra presència en glòria. [42]

Pere Villalba entiende que Llull, cuando define esos oficios, lo hace siempre con una proyección metafísica. [43] Verdad. Incluso cuando Llull habla de los pescadores, se puede notar una gran proximidad con los textos evangélicos, como ya fue percibido. [44] Los marineros proporcionan a Ramón la posibilidad de hacer una bella analogía y hablar de sus propios vicios, pecados, y de “su cuerpo sucio”. [45]

Después de los oficios del mar, el de los juglares. [46] Y para Ramón Llull, que ha sido juglar en su vida antes de su conversión, no hay oficio más pecaminoso y desvirtuado que ese. Esos hombres, los músicos y cantantes, hacen versos lujuriosos, tocan sus instrumentos, bailan y “cantan puterías” y, por eso, son muy oídos, solicitados, queridos y amados. [47] Ellos mueven los corazones de las mujeres hasta la lujuria para que ellas traicionen a sus maridos. Por ello, son especialistas en el arte de mentir y blasfemar, y reciben grandes donaciones de los ricos, incluso caballos, palafrenes, dineros y nobles vestimentas. [48]

Los pastores guardan el ganado y lo defienden de los lobos, de las bestias salvajes, de los ladrones y de todos los hombres malos. Este capítulo sirve a Ramón para hacer otra analogía trascendental y utilizar las citas bíblicas (cómo la parábola del buen pastor) para elevar la mente de su lector hacia Dios, además de comparar las bestias con su cuerpo, y pedir pastores para ir a los infieles y traerlos hasta el camino de la verdad. [49]

El capítulo sobre los pintores es uno de los más interesantes y originales de su mirada hacia el mundo pecaminoso de los hombres. Sus descripciones respecto de su trabajo y sus críticas hacia el lujo y la ostentación de los adornos en las iglesias [50] recuerdan una vez más los textos de Bernardo de Claraval. La sociedad cristiana es vanidosa y multicolor, pues mujeres (¡y hombres!) pintan y ornan sus rostros, sus cabellos y sus vestimentas [51]; hombres y mujeres también adornan sus manos con anillos de oro y piedras preciosas – como la caballería profana tan criticada por Bernardo.

Este capítulo sirve también a Ramón para hablar de las mujeres y criticarlas por sus pinturas: ellas pintan sus bocas, sus cabellos, sus hombros ¡e incluso sus pechos! ¿De qué vale todo eso? En verdad, no existe pintor que pinte tan bien los colores ni que haga una figura tan bien hecha como la dolencia, la vejez y la muerte. [52] Inútilmente, casi todos los hombres de este mundo se esfuerzan el máximo para pintar y colorear las cosas que los sentidos corporales aman: ¡eso es cosa del demonio! Sin embargo, los hombres buenos y santos son pintores de los sentidos espirituales [53], que son los que más valen y abren la puerta del Paraíso.

De todas las artes mecánicas, el arte de la agricultura es el más estimado por Ramón Llull, pues es para él el más próximo a la imagen divina. Esto lo hace uno de los filósofos más innovadores de entre todos los medievales que clasificaron las artes mecánicas y liberales. Los labradores labran la tierra y la maduran para que ella dé frutos. [54] Por ello, son grandes filósofos, es decir, necesitan tener (y por supuesto tienen) la sabiduría de casi todas las artes liberales. Por ejemplo, deben pensar en la Astrología – para saber el tiempo más conveniente para sembrar y cosechar – y deben saber también un poco de Geometría y Aritmética – para medir el campo y dividirlo, y así con las demás artes.

Además de esto, con su trabajo los campesinos simbolizan el día de la muerte para todos los hombres, así como la condición falsa y engañosa de este mundo, pues ellos usan el estiércol, “que es cosa fea, sucia y hedienta”, y nos muestran como nuestras carnes crean gusanos. [55]

Aunque existan labradores envidiosos, codiciosos, impacientes y de mala voluntad – por causa de la gran pobreza en que viven y del gran menosprecio que reciben de las gentes – su arte es el más importante y necesario de todas. Y más: su arte, en este mundo, es el que mejor representa la gran justicia, la gran misericordia y el gran poder de Dios. Y por eso Ramón se pregunta: si todas las otras artes y oficios dependen de los labradores para existir, ¿por qué todos los demás hombres son contrarios a ellos y sus enemigos? ¿Y por qué los campesinos son tan menospreciados por todos? Este misterio se explica solamente por la semejanza del labrador con la Pasión de Jesucristo. [56]

A través de las artes y oficios de los maestros, Llull ve y percibe sensualmente las intelectualidades, es decir, basta que los hombres que deseen enamorarse de Dios y derramar muchas lágrimas miren los oficios mecánicos, pues todas estas artes representan la pasión de Jesucristo [57]; basta que nosotros miremos todo con ojos amorosos y contemplativos: todo representa a Dios, Dios se encuentra en todo, en todas partes.

Poniendo el hierro en el fuego, los herreros rememoran con su trabajo los grandes dolores y los clavos de Jesucristo, y con sus trabajos en la madera los carpinteros también representan la cruz de Jesucristo. [58] Sin embargo, hay muchos trabajadores que no tienen a Jesucristo en su oficio – o por lo menos se desviaron de su primera intenció. Éste es el caso de los albañiles y tapiceros que solamente construyen cosas mundanas, y los orfebres y acuñadores, quien engañan a las gentes, pues mezclan metales menos nobles con el oro para engañar el pueblo.

En contrapartida, la mayor parte de los oficios sirve de contrapunto para las analogías metafísicas de Ramón Llull, pues desde los escribanos hasta los carreteros, todos son una turbia e imperfecta imagen de las acciones de Jesucristo en la tierra. Un buen ejemplo es el siguiente pasaje, donde Llull habla del servilismo de los alcaldes, de los vicarios y de los procuradores delante los poderosos. [59]

Después de la redacción del Libre de contemplació, convertido al cristianismo y decidido a intentar convertir a todo el mundo, Ramón Llull nunca más volvió a hablar con tanto vigor y agudeza crítica de la realidad social como en los bellos y realistas pasajes de ese precioso libro. A partir de la iluminación de Randa (ca. 1274), cuando, después de quedar una semana en una montaña no muy lejos de su casa [60], mirar absorto los cielos y recibir de Dios “la forma y manera de hacer el libro contra los errores de los infieles” [61], su mente estuvo más y más concentrada en escribir ese “mejor libro del mundo” contra aquellos errores, y su pluma no repitió amonestaciones tan húrientes a los poderosos y a los burgueses como en ese período pre-artístico.


II. Ciencia y artes liberales en la Doctrina pueril (c. 1274)


La Música, la Lógica y la Retórica


Las siete artes liberales (Rotschild Canticles – siglos XIII-XIV, f. 6v, Northern France. Yale University).


En la página siguiente, en la parte superior, la Música recibe el mayor espacio en la escena: ella toca con sus dos manos dos instrumentos, un teclado (auxiliada por un muchacho) y otro con campanas. Abajo, a la izquierda, la Lógica enseña a un solo estudiante, y a la derecha, la Retórica, representada por un tranquilo profesor sentado y de piernas cruzadas, que enseña a dos estudiantes el arte de las bellas palabras. En el siglo de Ramón Llull, el siglo XIII, la enseñanza pasó a ser predominante en las ciudades, en sus escuelas y universidades. Los artistas pasaron entonces a representar más fielmente la vida cotidiana de la educación. Con toda esa efervescencia cultural, el filósofo sintió la necesidad de mostrar la su hijo como era la vida en el mundo, y redactó la Doctrina pueril, el próximo documento que analizaremos.

La Doctrina pueril ya fue definida como la primera gran síntesis del pensamiento luliano [62], un intento de resumir las grandes constantes de la visión medieval del mundo [63] (especialmente en sus rasgos cristianos) y uno de los más completos esquemas catequísticos y orgánicos de los fundamentos de la fe escritos en su tiempo. [64] Redactada en un tono muy paternal y cariñoso típico de la Edad Media, que creó un afecto paternal profundo y sensible [65], la Doctrina pueril posee solamente diez por ciento de material científico (sobre las artes liberales y mecánicas, la filosofía natural, la medicina y el derecho), y es fundamental para comprender como funcionaba el pensamiento en el siglo XIII. [66]

Sencillamente, Llull explica con cariño a su hijo que ciencia es “saber lo que existe”, uno de los siete dones dados al hombre por el Espíritu Santo – los otros son la Sabiduría, la Comprensión, el Consejo, la Fortaleza, la Piedad y el Temor. [67] En su definición, hay una división bipartida del concepto de ciencia [68], la “ciencia infundida por la gracia de Dios” y la “ciencia por aprendizaje”. [69] Llull consideraba su ciencia una gracia espiritual que debería ser cultivada por todos para estar al servicio de la fe, siendo mucho más noble que aquella que los niños aprendían en la escuela con el profesor, pues daría conciencia a los pecadores de los pecados que cometían y enseñaría a los niños a distinguir el bien del mal, o mejor, amar el bien y odiar al mal. [70]

Por eso, Llull aconseja a su hijo en la Doctrina pueril tener más confianza en la ciencia infusa del Espíritu Santo que en la ciencia que los maestros enseñan:

Fill, si.t sputes ab negú per donar honrament de Déu e per exanplar la santa fe cathòlica, molt pus fortment te conffia en la sciència que.l Sant Sperit dóna que en la sciència que.ls maestres mostren als escolans. [71]

Así, después de enseñar todo el catecismo católico – para que su hijo medite en la gloria del Paraíso, en las penas infernales y se acostumbre también a amar y temer a Dios, conforme las buenas enseñanzas [72] – esa educación ética [73] se adentra entonces en el mundo profano y accidental de las artes liberales.

La Gramática

Ramón Llull es muy pragmático [74] al definir la Gramática en la Doctrina pueril:

E gramàtica és dretament parlar e scriure. Per açò és aleta a ésser comú lenguatge a les gens, qui per lunyetat de terres e de participació són desbariables en lur lenguatge. [75]

Y cómo en su tiempo la palabra “gramática” significaba “lengua latina” y también “sus normas de uso” [76], él no siente necesidad de explicar a su hijo que gramática significa sencillamente estudiar latín (la gramática en ese periodo era una gramática especulativa, es decir, sus presupuestos se encontraban entre lo que hoy llamamos lógica del lenguaje y semántica [77]).

A continuación, Llull explica a su hijo el procedimiento correcto para aprender gramática: saber construcción, declinación y vocablos, es decir, sintaxis, morfología y léxico [78] (aunque en orden inverso): además de sinónimo de latín, naturalmente, ¡gramática es también una disciplina escolar! Después de aprender de esta forma, Llull aconseja su hijo trasladar la Doctrina pueril al latín, pues así él aprenderá muchos vocablos. [79]

El padre sugiere aún a su hijo que prosiga sus estudios gramaticales con el Liber de petitionibus, principiis et solutionibus, hoy perdido. No hay referencias a cualquier de las obras utilizadas entonces en los estudios gramaticales, como los compendios de Helio Donato (†350) (Ars minor y Ars major) y las Instituciones gramaticales de Prisciano de Cesárea (†500). [80]

Llull se limita a sugerir obras suyas, quizás en parte por las dificultades inherentes a los estudios en Mallorca, en parte por considerar su Arte más elevada que todos los demás textos. Sea como fuere, para Llull (y para todos los medievales, por supuesto), la gramática es la primera y la más fundamental arte de todas, pues “...és portal per lo qual hom passa a saber les altres sciències”. [81]

La Lógica

Al largo de la Edad Media, la enseñanza de la Lógica normalmente se combinaba con la de la gramática, lo que sometía las formas de expresión a una cierta normativa lógica. [82] Pero hubo cambios importantes: en los siglos IX-XII, lógica y gramática estaban vinculadas más estrechamente, pero de una manera general, a partir del siglo XII, la lógica lentamente empezó a se independizar para se tornar un discurso especializado. [83]

Manteniendo esa tradición que unía lógica a la gramática, Llull así definió la lógica en la Doctrina pueril: “Logica es demostració de veres cozes e de falses, per la qual hom sap parlar dretament e sufismadament. E logica es art per la qual s’asuptila e s’axalsa l’umanal enteniment.” [84]

La tradición lógica cristiana, por lo menos desde San Agustín (De doctrina cristiana), siempre ha dicho que la lógica, siendo un instrumento formal, se podría utilizar tanto para el bien (formulando proposiciones verdaderas) como para el mal (formulando sofismas). [85]

La sofística, por su vez, consistía en aprender a vencer y deshacer los sofismas. Desde la primera crisis del pensamiento griego (siglo V a. C.) se pasó a relacionar el sofisma a una falacia (una refutación sólo aparente [86]), una tentativa de probar una mentira, o incluso con la posición relativista de los sofistas, quienes criticaban los valores tradicionales (el bien, la verdad, la belleza) por considerarlos relativos. [87]

Por lo tanto, una parte misma de la lógica siempre ha consistido en desvelar los sofismas y destruirlos. Posteriormente, Llull escribió obras como De novis fallaciis (1308), donde utilizó argumentaciones sofísticas para reducirlas ad absurdum. [88]

Llull también conocía el silogismo, la técnica por excelencia de la disputatio escolástica y el principal razonamiento demostrativo conocido entonces. [89] Ya en su Libre de contemplación hay citas del silogismo, como, por ejemplo, esta:

Qui vol adorar e contemplar, Sènyer Deus, lo vostre gloriós acabament, sàpia reebre los significats del silogisme qui reeb acabament per unió e per triplicitat: per unió en so que és .j. unit de dues preposicions e de una conclusió (...) Com silogisme no aja son acabament sinó en .j. e en .iij. ni en .iij. sens .j. e com son acabament no sia em més ni en menys de .j. e de .iij., per so silogisme qui és ver argument significa... [90]

Sin embargo, su definición más precisa de silogismo es posterior, de 1303 (y con ganas de ofrecer una reformulación de la silogística):

Silogisme es argument de .iii. vertaderes e neçessaries proposicions constituit. Diem donchs que silogisme es argument, per so quar argument es son genre. E la rahó es quar argument pot esser ver o fals, mas silogisme tots temps es ver. Les parts del silogisme son moltes, e alcunes son fores aquel, e alcunes dinfra. En aquelles que son dinfra, lo silogisme está en actu, e en defores, en potencia. [91]

También en la Disputatio Petri clerici et Raymundi phantastici (1311) [92] hay una bella y sencilla definición del silogismo: “...aquesta doctrina és lleu i abreujada i uma bona técnica per a conèixer l’home discret i l’home fantàstic.” [93]

Así, para Ramón Llull la Lógica es la culminación del trivium, pues a través de ella el entendimiento humano es exaltado [94] – y podemos percibir eso claramente en la Doctrina pueril, pues la lógica es el arte con más artículos (5). [95] Y también a través de ella, los hombres pueden abarcar todas las cosas creadas, en sus relaciones y diferencias, permitiendo asociar unas cosas con otras y así bajar de las generalidades a las cosas particulares, y subir de las particulares hasta las generales [96] (una de las funciones del Arte luliana).

Además de esto, Llull afirma que los hombres pueden sostener mejor un debate con la lógica y así evitar ser engañados con palabras sofísticas. Llull aún aconseja a su hijo a trabajar más la gramática, pues le sugiere aprender lógica en romance para después entenderla en latín, una gran novedad para el siglo XIII. [97] Para Llull, por lo tanto, la Lógica está relacionada con la búsqueda de la verdad – y aquí el mallorquín sigue la tradición isidoriana [98]– y de una manera elegante y bella, utilizando palabras que expresen correctamente las cosas. [99]

La Lógica

En la Edad Media, la Retórica era una de las artes del discurso, y abarcaba todas las ciencias como un recurso de exposición de los contenidos [100], sin conseguir nunca tener una identidad independiente de las otras artes liberales. [101] En la Doctrina pueril, Ramón Llull enseña a su hijo:

Retòrica és parlar belament e ordenade, per la qual són agradablement oÿdes paraules, e per la qual hom és exoÿt moltes de vegades. [102]

Por lo tanto, su enseñanza trataba de la búsqueda de la belleza, y consecuentemente, de elevarse hasta el Creador [103]:

Si tu, fill, vols parlar per retòrica, dóna bels eximplis de beles coses al comensament de tes paraules; e la mellor matèria de teus paraules sia a la fi, per so que leix atalentament d’oir en lo coratge d’aquels qui t’oÿran. [104]

Belleza para Llull es lo que da alegría de ver, de oír, de imaginar y recordar, de entender y amar a Dios. [105] Y la máxima belleza y ornamentación en la retórica luliana son las palabras que se refieren a las dignidades de Dios. [106]

Sin embargo, en la Doctrina pueril Llull no habla de las dignidades divinas con su hijo; solamente se refiere a la búsqueda de la verdad de las cosas, y que la retórica debe concordar con las categorías del tiempo, lugar, verdad, estado, cantidad de tiempo conveniente, necesidad “y las otras cosas semejantes a esas”, pues ellas convienen a la retórica y son agradables a las gentes y a Dios. [107] Ese punto de vista es semejante a la retórica pedagógica platónica, pues Platón estaba preocupado en guiar el alma por medio de raciocinios. [108] Así, la persuasión, en aquel entonces para muchos una finalidad exclusiva de la Retórica, queda reservada en las descripciones lulianas a la Lógica. [109]

La Geometría

La definición luliana de la Geometría muestra una compleja concepción matemático-metafísica del universo. [110] Pere Villalba nos recuerda que el trasfondo de esta concepción geométrica del mundo es pitagórica y platónica [111]; la circunferencia, el cuadrado y el triángulo son la base de toda la realidad y la base de todas las otras figuras geométricas, y también se incluyen mutuamente, formando una figura llena [112], constituida por un círculo, un triángulo y un cuadrado superpuestos y que, al entender de Llull, tienen la misma área. [113]


La figura llena de Ramón Llull


Esa imagen representa “la correspondencia analógica entre el mundo divino, el mundo espiritual y el mundo humano.” [114]

A continuación, Llull muestra a su hijo un ejemplo de medida geométrica altimétrica muy presente en los textos de geometría práctica medieval [115] (en su Didascálicon, Hugo de San Víctor dividió la geometría en tres partes: planimetría, altimetría y cosmometría [116]). Llull sugiere a su hijo complicadas medidas con el cuadrángulo del astrolabio para encontrar las medidas perfectas de la geometría. [117] Y todo eso para que al fin se tenga conocimiento de la grandeza de Dios, ¡que es mayor que todo el mundo!

Esas cuentas geométricas de Llull con el astrolabio en la Doctrina pueril aproximan su concepción de geometría a la de la geometría práctica desarrollada en los siglos XII y XIII [118], siempre añadiendo a los aspectos matemáticos y prácticos su perspectiva simbólica y teológica. [119]

La Aritmética

Llull asocia la Aritmética a la memoria: ese arte existe, según él, para que el hombre sepa mejor retener el número en la memoria y en la visión corporal, pues es connatural a la memoria antes olvidar muchas cosas que una. [120] Cómo en la geometría, el trasfondo de su concepción aritmética también es platónico y pitagórico. [121]

Sin embargo, cuando habla a su hijo, los dos artículos de la Aritmética no muestran esta concepción, pues tratan solamente de definir la aritmética de una manera muy sencilla, y curiosamente subrayando que los números pares multiplican mejor que los impares. [122]

La Música

De todas las artes del quadrivium, la Música es la menos subrayada por Llull, a pesar de su importancia para el culto cristiano [123]: en la Doctrina pueril hay solamente un artículo dedicado a ella. Llull completa su definición afirmando que ese arte fue descubierta para que los hombres cantasen con instrumentos y así loasen a Dios, pero los juglares están contra de ese noble principio, pues cantan para los príncipes loando “la vanidad mundana.”

Llull nunca olvidó su pasado de trovador y siempre mantuvo una posición crítica y de desconfianza hacia los juglares, haciendo que sus descripciones sobre la música siempre fuesen simples y discretas. [124] En ninguno momento el mallorquín desarrolla la concepción acepta en su tiempo de la armonía musical del universo, presente en los círculos intelectuales, por lo menos, desde Isidoro de Sevilla. [125]

La Astronomía

La Astronomía luliana se mezcla con la Astrología [126], como era común en la Edad Media. [127] La cosmología medieval fue influenciada directamente por los escritos de Aristóteles y sobre todo Ptolomeo (ca. 100-170) y su obra Tetrabiblos. Era considerada la parte más elevada de la Astronomía, que por su parte era la séptima y última de las artes liberales [128], y por lo tanto, la ciencia más noble antes de la Teología, noble porque pretendía estudiar las cosas próximas a Dios. [129]

Llull, como todos los pensadores medievales, tenía la siguiente creencia (considerada entonces científica): todo el mundo por encima de la Luna (esfera celeste poblada por los astros, por los santos que están en la gloria eterna, por los ángeles y Dios) emitía fluidos, influjos invisibles que influenciaban las cosas del mundo por de bajo de la Luna, parte del universo que contenía todas las substancias sujetas a la corrupción debido a la contrariedad natural existente entre los cuatro elementos constitutivos de los cuerpos (fuego, aire, tierra y agua) y sus calidades (caliente, seco, frío y húmedo).

Esta era una idea de base neoplatónica y que influenció decisivamente la astrología. Estos eran los secretos naturales. [130] El origen de esta concepción se encuentra en Dionisio el Areopagita (siglo V): “Todo buen don y toda dádiva desciende del Padre de las luces. Más: la Luz procede del Padre, se difunde copiosamente sobre nosotros y con su poder unificador ella nos atrae y nos lleva a lo alto”. [131]

Llull enseña a su hijo que la ciencia de la astronomía/astrología pasa por las propiedades de los 12 signos y de los 7 planetas, “conforme concuerdan o contrastan en calor, sequedad, frío y humedad” [132], pues la teoría astronómica medieval estaba directamente conectada a la teoría física de los elementos. [133]

Sin embargo, Llull defendía que los hombres podrían vencer el efecto de las constelaciones con el libre-albedrío dado generosamente por Dios, y por ese motivo, la astronomía constantemente fallaba en sus previsiones. [134] Entonces, después de las descripciones del trivium y del quadrivium, en un original juicio al respecto de la utilidad pedagógica de las artes [135], el paciente padre aconseja a su hijo:

Amable fill, no.t conssell que aprenes aquesta art, cor de grant maltret és, e leu se pot errar. Perilosa és, per ço cor los hòmens qui.n saben majorment n’usen mal, e per lo poder dels corsses celestials menysconexen e menyspreen lo poder e la bonea de Déu. Ne no.t conssell, fill, que aprenes geomatria ne arismètica, cor arts són qui requeren tota la humana pensa, la quall ha a tractar de amar e de contemplar Déu. [136]

Y concluimos las descripciones de las siete artes liberales en la Doctrina pueril con otra, muy bella, de otro de los textos del maestro medieval de las definiciones [137]: “Así como la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza son principios de la Moralidad, el orden y la belleza de las palabras son los principios de la Retórica, la música y la voz de la Música, la aritmética y el número de la Aritmética, el geómetra y las medidas de la Geometría y el astrólogo, los signos y planetas de la Astrología.” [138]

*

En sus clasificaciones de las artes liberales y de las ciencias, Llull siempre pone la Medicina, el Derecho y la Teología, como observamos en el Libre de contemplació; la Teología naturalmente porque habla de Dios, y la Medicina y el Derecho porque son útiles para la vida de todos en sociedad. La Teología existe en tres momentos: cuando el hombre conoce a Dios, cuando conoce las obras divinas y cuando las utiliza para ir hasta Dios y huir del Infierno. [139]

La Teología conviene a la Filosofía porque demuestra a Dios racionalmente [140], y las relaciones entre la fe y la razón están muy bien definidas en este capítulo: ambas son convenientes para la Teología, pues la primera ayuda a la segunda con la creencia y la segunda ayuda a la primera con las “razones necesarias” [141] (las “razones necesarias” son un concepto fundamental en la filosofía luliana, la raison d’être de su Arte [142]).

Por fin, Llull dice a su hijo que Aristóteles, Platón y los demás filósofos antiguos no consiguieron elevar tanto su conocimiento porque no desearon creer [143]– y aquí se encuentra el lugar común del pensamiento medieval que desde Alcuino de York y el Renacimiento carolingio suponía alzar un escalón de más en la escalera del conocimiento porque estaba iluminado por la fe del cristianismo. [144]

El Derecho

Hay dos tipos de Derecho: el canónico y el civil (romano), además de dos tipos de derecho practicado y que Llull no nombra: uno que sirve para cesar el mal entre los civiles y otro insertado en el derecho canónico. Sin embargo, ambos poseen contradicciones entre teoría y práctica. [145]

Manteniendo su opinión despectiva sobre la ciencia del Derecho ya expresada en el Libre de contemplació, Llull desaconseja a su hijo aprender Derecho, pues pocos son los que lo usan bien: ¡es una ciencia muy peligrosa! [146] Pero sus consejos pedagógicos no son autoritarios: su hijo debe decidir todo por sí mismo. Así, si él quisiera aún así aprender, que use el Derecho para “ayudar a los pobres que no tienen dinero para pagar abogados”; así será “maravillosamente agradable a las gentes y a Dios”. [147]

Y el filósofo pregunta: ¿que es la naturaleza? Es “el principio de algo”, aquello que proporciona la existencia de la cosa natural. [148] Llull comienza aquí a tratar de la filosofía natural, la primera vez que se utilizó el catalán para redactar ese tipo de texto. [149] La filosofía natural era la ciencia entonces, identificada con los contenidos de los libri naturales de Aristóteles que trataban de las cuestiones de cosmología, física y teoría de la materia (que hoy llamaríamos “biología”). [150]

Llull afirma que cinco son sus principios: la materia primordial, los cuatro elementos simples y los cuatro compuestos, los cuerpos y las cosas corruptibles. [151] En la teoría científica medieval, la materia primordial era el compuesto de todas las cosas, principio hecho de una sustancia única. Anaximandro de Mileto (ca. 610-547 a. C.) fue el primero en formular la hipótesis de la disposición de los elementos en el universo, en el espacio y la importancia de sus componentes en esta distribución. [152]

En la Doctrina pueril Llull intenta explicar sus compuestos, así como la teoría de los cuatro elementos [153], intentando buscar situaciones de la vida cotidiana para que el niño entienda como los elementos son activos y transcurrían unos a través de los otros, como, por ejemplo, en este pasaje:

¿Veus tu, fill, les bamboles de la aygua qui puyen, en la font, a ensús? Aqueles signifiquen que los uns elements simples passen per los altres; cor si.l simple foch desiya passar per l’ayga, e per lo migà passarà per ela. E açò matex se seguex dels altres elementz. [154]

A continuación, cita nueve obras de Aristóteles que explican la filosofía natural y la metafísica, resumiendo sus contenidos para su hijo. [155] Llull hace esto ciertamente porque en su tiempo Aristóteles era considerado el maestro de la filosofía natural. [156]

La Medicina

Es bueno conocer las bases de la Medicina, pues hay muchos médicos que desconocen su Arte. De ahí que Ramón enseñe a su hijo los principios de la medicina, que son tres: 1) Natural, 2) Innatural y 3) Contra la naturaleza. Esa división tripartida de los principios de la Medicina en la Doctrina pueril sigue exactamente la división de la medicina teórica (medicina theorica) de la Isagoge (Introducción a la Medicina) de Johannitius – en la realidad un resumen latino (y galénico) de un texto de Hunain ibn Ishaq (ca. 809-873). [157]


Un médico (“físico”) lee un libro

Hunayn ibn Ishaq al-'Ibadi (Joannitius). Isagoge Johannitii in Tegni Galeni. Oxford, 13th century (DeRicci NLM [78].), fol. 19v. Medieval Manuscripts in the National Library of Medicine.

La Isagoge era uno de los primeros textos estudiados en los cursos de medicina de esa época. La misma tripartición de los principios de la medicina en la Doctrina pueril y en la Isagoge demuestra que Llull he conocido ese tratado médico, o en Montpellier (pues ese texto fue muy utilizado a partir de una traducción de Marcos de Toledo [1193-1216], canónigo de su catedral y uno de los estudiosos de la famosa Escuela de Traductores de Toledo), o en París (en el programa de 1270-1274 se seguía explicando la Isagoge de Johannitius, pero en una versión abreviada – y bastante incorrecta – de Constantino, el Africano [1020-1087]). [158]

Ya observamos anteriormente en el Libre de contemplació que Llull sabe que muchas personas mueren en las manos de los médicos. De ahí que, en este capítulo Llull enseñe a su hijo las bases de la medicina de entonces, cambiando un poco su discurso médico-teológico del Libre de contemplació y centrándose en la medicina corporal.

Para curar a los enfermos, los médicos tienen que equilibrar la relación entre los cuatro elementos y así traer de vuelta la virtud perdida (moderación). Además de eso, el médico debe tener en cuenta la naturaleza de cada una de las cuatro complexiones (cólera, sangre, flema y melancolía) y sus desordenadas relaciones con los cuatro elementos.

Esa teoría era conocida como complexio y tradicionalmente atribuida al médico griego Hipócrates (ca. 460-355 a. C.), pero en un texto de su yerno Polibio de Cos (ca. 410 a. C.). [159] Este era uno de los conceptos centrales de la medicina medieval, que recibió la herencia griega hipocrática también a través del médico griego Galeno (ca. 129-216) y su obra De ingenio sanitatis (= De método medendi), libro de cabecera de los médicos universitarios. En un pasaje, Galeno así definió la relación entre patología, terapéutica y filosofía natural: “Es imposible diagnosticar las enfermedades sin conocer los elementos de los que está constituido primariamente el cuerpo”. [160] La complexio atribuía el origen de las enfermedades y el estado de espíritu de una persona a las alteraciones de los humores del cuerpo, siempre en relación directa con la posición de los astros. [161]

Atendiendo a estas diversas relaciones, dividiría los temperamentos en cinco especies distinguidas: el temperamento bilioso, el temperamento sanguíneo, el temperamento linfático, el temperamento melancólico y el temperamento mixto, que participa igualmente en todos los temperamentos. Naturalmente, esa teoría médica se insertaba en un sistema global de explicación del mundo medieval – y nunca es demasiado destacar el hecho de ella haber prevalecido en la medicina por lo menos hasta el siglo XVIII. Y Llull afirma que ellos deben tener esas consideraciones teóricas porque “los hombres quedan enfermos a causa del desordenamiento de ellas”. [162]

Llull explica aún que cada hombre posee las cuatro complexiones, pero es sentenciado a una más que a la otra – por los astros. Por este motivo, los médicos deben saber los grados de las complexiones y su relación con los elementos para preparar los medicamentos correctos para aquel desordenamiento del paciente.

Las enfermedades tienen su origen en las calidades de los elementos: hay una enfermedad originada por el calor, otra por el frío, otra por la sequedad y otra por la humedad. Sabiendo su origen, el hombre puede conocer también cuál es el alimento ideal para multiplicar o menguar la materia por la cuál está enfermo.

Llull aún enseña a su hijo las manifestaciones de la enfermedad (calores, fríos, fiebre, antojos de comidas, etc.) y lo previene contra los médicos que desconocen los grados de las calidades de los elementos y prefieren solamente recibir su pago. Esos “no concuerdan con la voluntad de Dios”. [163]


El cuadrado de los elementos y sus calidades



Las artes mecánicas

De todos los capítulos dedicados a la educación infantil para la vida profana en la Doctrina pueril, lo que más ha llamado la atención de los especialistas es lo referente a las artes mecánicas. [164] Ya vimos en el Libre de contemplació que Llull da una gran relevancia al mundo urbano y mercantil de su tiempo; que valora y aprecia como ningún otro autor las artes manuales (especialmente el oficio de los campesinos), en contraste con la enseñanza de las artes del quadrivium. [165]

En la Doctrina pueril Ramón prosigue en esa misma línea de pensamiento: hay un gran valor en los oficios manuales, pues “sin esos oficios el mundo no sería ordenado”. [166] Esté donde esté, ¡cualquier hombre puede sobrevivir si sabe un oficio mecánico! Por este motivo, los musulmanes, por más ricos que sean, enseñan a sus hijos un arte mecánica: si le faltara la riqueza, él puede vivir de su trabajo. [167]

Llull afirma que es mucho mejor y más seguro – la riqueza más segura de esta vida – enriquecer a su hijo con algún oficio que darle dinero y posesiones, pues todas las otras riquezas desamparan al hombre que no tiene un oficio, “luego, hijo, yo te aconsejo que aprendas algún oficio con el cual puedas vivir si necesitas”. [168] Se trata, como afirmó Pere Villalba, del gran afecto que Llull demuestra por las artes mecánicas. [169]

Gracias a esta visión más amplia y generosa de las actividades sociales, Llull admite que cualquier individuo puede dignificar la materia y al mismo tiempo ser dignificado por su trabajo. En un pasaje con una humildad típicamente de la Escuela de San Víctor (y también de los franciscanos) Llull enseña a su hijo que “no existe ningún oficio que no sea bueno”, y así, él debe escoger un buen oficio [170]; como dijo Hugo de San Víctor, no se debe considerar ningún conocimiento vil, pues “todo conocimiento es bueno”. [171] Pocos son los autores medievales que se refirieron a los oficios de esta forma tan valorativa. Ramón Llull es una hermosa excepción. [172]

En contrapartida, Llull aprovecha esta descripción de las artes mecánicas para hacer una dura crítica a los burgueses de su tiempo, preocupados sólo en enriquecer: burgués es uno de los peores oficios que existen: el burgués gasta, no gana, es ocioso; vive poco porque come demasiado, no da limosna y hace daño a sus amigos. Por eso, el burgués es el oficio más castigado por Dios. [173] Los burgueses siempre quieren más; ellos son la antítesis del mundo de Ramón Llull, del mundo medieval. [174] Es a causa de ellos que la Rueda de la Fortuna se mueve y la sociedad se transforma cada vez más rápidamente. [175]

Además de mostrar la rapidez y los grandes cambios sociales que ocurrían en el siglo XIII, la contundente crítica de Llull está colocada a finales del capítulo, creo, para servir de oposición temática a todo el contenido de las artes: que el hombre siempre se recuerde, desde muy pronto, a través de la educación, que el saber se destina a fines más elevados que el logro y la avaricia. Las ciencias son practicadas por muchos hombres malvados porque “...el demonio se esfuerza para destruir la intención por la cuál ellas existen”. [176] Para Ramón Llull, la ciencia debe estar al servicio de la contemplación de la naturaleza y del universo, libros vivos de la acción de Dios.

III. La clasificación de las artes liberales en el Arbre de ciència (1295-1296)

Ése es el primer texto luliano dedicado específicamente a su Arte y que describe y clasifica las artes liberales y mecánicas, pues los otros libros analizados anteriormente son más pedagógicos (dedicados a su hijo, como la Doctrina pueril y el Libre d’intenció) y literarios (como Blaquerna y el Libre de contemplació).

Así, para facilitar la comprensión de su Arte, Llull nuevamente ha utilizado el símbolo del árbol para estructurar todo el contenido del libro (raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos). Cada árbol, es decir, cada capítulo, recibe esta estructura orgánica:

1) Arbre elemental (sobre la naturaleza y propiedades de las cosas elementales),

2) Arbre vegetal (sobre las plantas),

3) Arbre sensual (sobre los sentidos y la percepción de las cosas),

4) Arbre imaginal (sobre las impresiones que permanecen en la imaginación),

5) Arbre humanal (sobre el hombre y sus cosas),

6) Arbre moral (sobre las virtudes y los vicios),

7) Arbre imperial (sobre el gobierno de los príncipes),

8) Arbre apostolical (sobre el Papado),

9) Arbre celestial (sobre la impresión de las cosas celestes sobre las terrenas),

10) Arbre angelical (sobre los ángeles),

11) Arbre eternal (sobre el Paraíso y el Infierno),

12) Arbre maternal (sobre la Madre de Dios),

13) Arbre divinal y humanal (sobre Jesucristo),

14) Arbre divinal (sobre Dios y sus obras). [177]

Además de estos catorce capítulos, hay dos complementarios más, dedicados a dar ejemplos y desarrollar proposiciones sobre todos los contenidos de los árboles (Arbre exemplifical y Arbre questional). En esa inmensa floresta enciclopédica ordenada jerárquicamente en grados de abstracción [178], Llull pone las artes liberales y mecánicas en la quinta parte del capítulo cinco, sobre el hombre, en el apartado correspondiente a la categoría aristotélica del hábito. [179]

Para Llull, “hábito es aquello que de sí misma es vestida la cosa y lo que la sostiene, como la justicia, que viste al hombre justo, la ciencia al hombre sabio, y la túnica o el palio al hombre vestido”. [180] Son las hojas del árbol humano, es decir, las cosas corporales, cosas que se corrompen, como la cantidad, la calidad y las otras” [181]– los otros accidentes son la relación, la acción y la pasión, los hábitos, la situación, el tiempo y el lugar. [182] En la filosofía, estos son los nueve accidentes clásicos, aquellos que no permiten cualquier alteración posible porque tienen condiciones naturales irrefutables. [183]

Llull inicia su exposición de estos accidentes diciendo que “ellos son múltiplos, naturales y artificiales”. Los naturales ya fueron analizados en los otros árboles (el calor, la sequedad, la dulzura, el olor, etc.). A su vez, los accidentes artificiales se basan en su procedencia innatural, porque son fruto de la actuación del hombre y “son las cosas necesarias al vivir y al existir del árbol”.

Utilizando el conocimiento contenido en todos los árboles, el hombre actúa en la realidad: por ejemplo, a través del hábito de la ferrería, el hombre hace el cuchillo y la aguja; con la imaginación (la sensualidad) hace las edificaciones, las bellas figuras, los ornamentos e instrumentos, y por la racionalidad él tiene el hábito de las virtudes (el contenido del Arbre moral). Las artes mecánicas son posibles gracias a las potencias del alma humana, el intelecto, la memoria y la voluntad, todas posibles de que sean desarrolladas por las virtudes teologales y cardenales. [184]

Llull dice que hablará lo más rápidamente posible de los hábitos mecánicos y liberales. Inicia entonces con la herrería. El herrero consigue su habilidad natural a través de los instintos existentes en la naturaleza. Así ordena su imaginación imaginar su arte, creando, por ejemplo, un bello y eficaz cuchillo. Lo mismo ocurre con el carpintero y el costurero: ellos imaginan y crean cosas a partir de las semejanzas existentes en la naturaleza, “principios primeros y secundarios”, de acuerdo con Llull. [185]

Llull prosigue con la agricultura y la mercancía, artes que requieren considerar muchas cosas para ser practicadas correctamente y que son muy importantes tanto para la prosperidad de las cosas cuanto para que las personas puedan descansar. [186] Llull trata de las artes de la navegación y de la caballería y a continuación inicia su descripción del trivium.

Con la Gramática, la novedad en relación a la Doctrina pueril es la importancia dada al conocimiento de la acentuación; con la Lógica, Llull mantiene su proximidad de la Gramática, pues el lógico “considera la falsedad y la verdad bajo la forma del nombre y del verbo” [187]. Cuando el lógico busca los principios naturales y considera los diez predicados (lo que se dice de la cosa [188]), géneros (lo que está por encima de las diversas cosas en la naturaleza), especies (la naturaleza común a muchos individuos [189]), diferencias, propiedades y accidentes, concluye y tiene conocimiento de todas las cosas reales. [190]

¡La Lógica busca siempre la verdad! Para Llull, la verdad es la realidad, y la falsedad es lo irreal – o según muchos de su tiempo, adaequatio rei et intellectus. [191] Se trata de un principio luliano fundamental: ¡la lengua posee una comunión con la naturaleza! [192] Por lo tanto, la gramática y la lógica poseen una fraternidad esencial.

La Retórica, como todas las otras artes, tiene su ornamentación derivada del ornamento natural. Por esa conexión perfecta, el retórico encuentra la belleza propicia para colorear sus palabras con bellos adjetivos, participios y verbos. Así, puede colocar esos adornos literarios y ponerlos al servicio de bellos ejemplos y al servicio de la humildad contenida en la verdadera oración dirigida a Dios. [193]

El quadrivium comienza con la Aritmética, definida de manera muy concreta [194], y cita la aritmética de al-Khwarizmi (Abu Ja’far Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi, ca. 780-850) (“l’art d’alguarisme”) [195]:

Larismètic consira quantitats discretes moltiplicades de discretes quantitats reals en semblantes fantàstiques, de les quals moltiplica nombre lo qual posa en figures qui aquelles quantitats signifiquen certes (…) e consira los assituaments de les figures segons que estàn denant o detràs en la art d alguarisme (…) [196]

Llull mantiene la Geometría bajo su concepción simbólica de la realidad física. La dimensión geométrico-matemática luliana siempre se encuentra unida a la metafísico-simbólica. [197] En el Arbre de ciència, aplica siempre el conocimiento derivado de la contemplación metafísica para la utilización práctica en la realidad. Por eso, el geómetra aplica su arte para saber “las cantidades de las torres, y los marineros, los espacios”. [198]

Como el herrero transforma potencia en acto creando instrumentos de la masa del hierro, el músico tiene “instinto natural” para hacer surgir el hábito musical y así alegrar los corazones de los hombres. Además de esto, necesita tener conocimientos gramaticales para que sepa mejor ornar las palabras y encontrar los acentos perfectos y armoniosos con el sonido de los instrumentos y con las voces graves y agudas. [199]

El astrónomo estudia las influencias que los astros ejercen en los cuerpos de aquí abajo (es decir, bajo la Luna), dividiendo las estrellas del firmamento en los doce signos y relacionando cada uno de los cuatro elementos con cada uno de los signos (Aries con el fuego, Tauro con la tierra, Géminis con el aire, etc.). Además, el astrónomo también tiene que considerar los planetas errantes y atribuir apropiadamente las calidades de los elementos [200]:

E per açò als astronomians es molt necessari saber la filosofia qui es de generació e corrupció, e es significada en lo tractat e procés que havem fet en los arbres naturals. [201]

Después de las artes liberales, Llull define el Derecho, la Medicina, la Filosofía y la Teología. Hay una bella definición del los principios del Derecho: vivir honestamente y dar a cada uno lo que le conviene conforme a su trabajo, y a la necesidad que tiene de vivir. Sin embargo, la caridad se encuentra ausente en las personas, y los intereses privados son más estimados que el bien público. Por estos vicios de la humanidad, existen jueces, abogados y doctores que mantienen la ciencia del derecho, unos para el papa, otros para el emperador, es decir, para el gobierno secular. [202]

La definición de la Medicina mantiene sus rasgos generales expuestos en la Doctrina pueril. Llull continúa afirmando que los médicos son responsables por muchas muertes, ya que desconocen su Arte. Así, él indica un libro suyo, los Començaments de medicina [203], para que su lector encuentre los grados de las complexiones y sepa exactamente el horario más apropiado, de acuerdo con la Astrología, para aplicar los baños, las dietas, las sangrías y todas las cosas relacionadas con la Medicina.

Llull finaliza su descripción de las artes en el Arbre de ciència con las dos artes metafísicas, siempre siguiendo la ordenación de las cosas materiales hasta las espirituales. Así, como el filósofo ama saber la verdad de las cosas “per ço que en aquell saber delectació pusca haver” [204], la Filosofía es definida como un esfuerzo continuo para habituar al filósofo a buscar las verdades naturales ocultas en la naturaleza. Contemplar las cosas superiores y relacionarlas con las inferiores es la función primera de la Filosofía, según Ramón Llull, ya que el filósofo eleva su conocimiento a Dios para después entender la realidad de las cosas inferiores. Por eso también el “filósofo-teólogo” tiene más deleite en sus consideraciones acerca de la esencia divina que solamente el teólogo.

La ciencia de la Teología existe cuando el teólogo filosofa los argumentos teologales con “razones necesarias”. Por lo tanto, la Filosofía es muy necesaria a la Teología, pues con ella los errores e injurias pueden ser derrotados por la verdad de la fe. [205] Se trata de una de los pasajes más claros acerca de las relaciones entre la Filosofía y la Teología en la obra luliana.

III.1. El Arbre exemplifical y el Arbre questional

Después de la exposición de todos los árboles y sus contenidos, Llull ofrece dos árboles más, como dijimos: el Arbre exemplifical y el Arbre questional, que reproducen la estructura de los otros árboles, pero de una forma diferente. El Arbre exemplifical – “el producto más original, más ingenioso y más creativo que nos ha dejado el primer escritor catalán de la historia” [206]– se encuentra organizado en forma de cuentos cortos que pretenden explicar de una forma alegórica los contenidos de todas los demás árboles. Llull explica al lector su objetivo:

E per los exemplis que darem pot hom haver doctrina a conèixer los secrets naturals e sobre natura, e a preïcar e a haver moralitats bones e solaç e amistat de les gents. E encara, en pot hom haver universal hàbit a entendre moltes coses plaents a entendre e plaents a oir. [207]

En un artículo muy interesante, Robert Pring-Mill denominó este procedimiento de transmutación de ciencia en literatura. [208] Llull presenta centenas de historias, muchas de comprensión difícil, pues en la misma narrativa entrecruza dos o tres historias en solamente una, para que el lector reflexione detenidamente y consiga alcanzar el sentido profundo del contenido de los otros capítulos.

Además, muchos de esos textos son ricos delirios literarios, construcciones muy creativas con personificaciones de sentimientos, de conceptos en personajes, que hablan entre sí y discuten acerca de los hombres y de la realidad humana. Así, Llull desarrolla exempla, relatos breves de carácter didáctico y moral de gran difusión y al servicio, sobre todo, de la formación religiosa, para tratar de una manera diferente los contenidos del Arbre de ciència. [209]

Este era un artificio muy utilizado por los escritores medievales que tenían por objetivo la predicación. [210] Sin embargo, Ramón Llull, al contrario de sus contemporáneos, prefería la palabra escrita a la hablada, el libro a la voz. Él entendía que ese era un medio más seguro y eficaz de divulgar sus objetivos de conversión y reforma, además de ser el medio más adecuado para conservar y comunicar su ideario a la posteridad. [211] Sus textos – y especialmente las narrativas del Arbre exemplifical – poseen una pujante expresión verbal que se desarrolla a partir de una simbología de metáforas apoyada en el contexto social y cultural de su lector. [212] De ahí el volumen de sus escritos y la variedad de temas desarrollados: por este motivo, los ejemplos que Ramón trata en estos dos árboles son modelos de reforma y conversión en forma narrativa. [213]

Sorprendentemente, estos dos árboles poseen la misma extensión que todos los otros árboles del Arbre de ciència (50%), lo que indica la preocupación de Ramón Llull por la recepción y comprensión de su contenido (el Arbre exemplifical corresponde a 9% del total del Arbre de ciència; el Arbre questional, 41%). [214]

Así, en el Arbre exemplifical hay un hermoso, corto y enigmático ejemplo sobre las hojas del Arbre humanal, y que aparentemente no tiene relación alguna con el catálogo de las artes liberales y mecánicas de las hojas del Arbre humanal. [215] Pero sólo aparentemente, pues Ramón Llull siempre da ejemplos para que su lector se interrogue e intente entender aquella analogía, elevando cada vez más su conocimiento.

Llull llama ese procedimiento de “ejemplo oscuro” (semblanza escura), por su dificultad de interpretación. [216] Ramón Llull defiende la oscuridad del exemplum por considerarla necesaria para exprimir las sutilezas de su contenido y fijarlo en la mente de su lector. Es un recurso literario y poético típico de la época y que transportaba los lectores muchas veces a un mundo irreal y abstracto. En ese mismo período, los trovadores provenzales y germánicos (cómo Wolfram von Eschenbach [†1220]), por ejemplo) también utilizaban lo mismo recurso literario (llamado trobar clus [217]), una terminología simbólica, en la búsqueda del absurdo. [218]

Bien, la historia de la Arbre exemplifical es la siguiente: cuentan que la Belleza y la Bondad vivían en una señora, la Belleza en su cuerpo y la Bondad en su alma. “Gracias a esos dos hábitos”, aquella señora tenía gran fama en su ciudad, pues todos hablaban de su belleza y bondad. Pero ella tenía un marido que era un hombre muy feo y malacostumbrado. Así, por tener un marido desprovisto de belleza y hermosura, la Belleza de la señora se quejó a la Bondad, pues no le gustaba compartir el espacio y convivir con su contrario. Entonces, la Bondad de la señora dijo a la Belleza que ella no sabía las conversaciones que tuvieron la Llama y el Aceite en la lámpara. “¿Y cómo fue eso?”, preguntó la Belleza a la Bondad.

– Reconta’s – dix la bonea – que en una cambra havia una làntea qui cremava totes nits, e la flama il.luminava aquella cambra en qui eren pintats un home e un demoni; e l’home era vestit de blanques vestidures e havia molt bella figura, e.l demoni de negres vestidures e era fet de molt leja figura.

E adoncs la flama havia gran plaer en mostrar aquelles dues figures, car per la leja figura del demoni e les negres vestidures, loaven les gents la bellea de la figura de l´home e la blanquea de les sues vestidures. Dementre que la flama se gloriejava de la bona obra que faïa, l’oli se clamà de la flama qui.l consumava, e dix que ell no volia haver passió per ço que la flama hagués delectació; e la flama dix a l’oli que ell sens passió e treball no podia participar en la bona obra que ella faïa. [219]

Como se ve, hay dos historias en este hermoso exemplum, y la segunda explica y complementa la primera. Hay una mujer bella y loada por todos, pero tiene un marido feo: en nuestra interpretación, la Belleza de la mujer es la Sabiduría (es decir, las artes liberales), aquello que siempre es loado por todos, y la persona bella es buena porque la sabiduría y la belleza son siempre buenos.

Por su lado, la fealdad del hombre representa alegóricamente la Ignorancia, la falta de ciencia y de letras, algo siempre reprobable y malo. El bien y la sabiduría son siempre bellos y la fealdad y la ignorancia son siempre malas. Sin embargo, incluso ornada de virtudes y compartiendo la vida con la Bondad, por un momento la Belleza de la señora cayó en el pecado de la soberbia, aquel pecado del que siempre tenemos que estar alertas, pues es la raíz de todos los demás pecados. Sin virtud, el conocimiento conduce a la soberbia. [220]

Así, pecaminosamente llena de soberbia, la Belleza, el conocimiento, se quejó que no le gustaba estar al lado de la Ignorancia. Entonces la Bondad, es decir, la virtud, aquello que da sentido a la sabiduría, tuvo que intervenir para alejarla del pecado. Pues sin virtud, aquel que posee conocimiento se corrompe y peca, haciéndose soberbio. Y para que la Belleza se elevase aún más y subiese un escalón en la escala de la contemplación hasta Dios, para quedar aún más bonita, la Bondad le contó una historia, una analogía, y exigió de ella un esfuerzo para entender el porqué de las cosas, el porqué de la necesidad de que existan el bien y el mal, la belleza y la fealdad, el conocimiento y la ignorancia lado a lado en la vida.

Entonces inicia la segunda parte de la historia, la analogía de la analogía, es decir, el esfuerzo que Ramón Llull exige de su lector. La Bondad cuenta a la Belleza la conversación entre la Llama y el Aceite en la lámpara, ¡ese pequeño y delicado objeto que sirvió para la redacción de todas las obras clásicas universales¡ Comportándose presumida y orgullosamente como la Belleza de la señora, el Aceite no quería esforzarse para que la Llama mostrara con su luz la pintura en la pared del hombre vestido con vestimentas blancas y el diablo vestido de negro. ¡No quería trabajar para no tener la gloria y la alabanza de todos! Pero la Llama cumplía una misión muy digna y honrada: con su luz ella mostraba el bien y el mal a todos, el blanco y el negro, el hombre (creación de Dios) y el Diablo (su negación).

Esa noble finalidad debería satisfacer al Aceite. Sin embargo, él se consideraba perjudicado, pues todos solamente veían con la luz de la Llama la belleza de su gran poder moralizante y educador. Así, el Aceite se quejó a la Llama, de la misma forma que la Belleza se quejó a la Bondad.

De un lado, la Belleza, la Bondad, la Llama, la Luz, el Blancor y el Hombre; de otro, todos sus opuestos (la Fealdad, la Maldad, la Oscuridad, el Negro y el Diablo). Entonces, para concluir la moral de la historia y lograr que la Belleza quedase satisfecha de compartir su espacio con su contrario, la Bondad dijo que la Llama había explicado al Aceite que sin pasión y trabajo él no podía participar en la buena obra que ella hacía, es decir, una cosa depende de la otra (el bien y el esfuerzo), y entonces la señora y su Belleza vivieron juntas al lado de su marido feo – ¿pues sin la fealdad al lado, como podemos saber lo que es bello?

Por lo tanto, aparentemente difícil, la esencia y moral del ejemplo de la belleza son bastante sencillos: el esfuerzo del Aceite se completa en la luz de la Llama, o mejor, en el trabajo de la luz mostrando a todos el bien y el mal. La presencia de la fealdad del hombre sólo resalta y ennoblece la belleza de la bondad. Llull enseña a su lector: en nuestras vidas, para conseguir las siete artes liberales, la educación, para elevar nuestras almas y salir de la oscuridad hasta la luz, debemos permanentemente esforzarnos hacer un esfuerzo y estudiar. Sin ese esfuerzo y sin esa pasión no se llega al conocimiento. Pues para adquirir un hábito, un arte, ese sufrimiento es necesario: el hábito solicita esfuerzo. Quién no se esfuerza, tendrá un hábito malo y estará en las tinieblas; quién se esfuerza, tendrá un hábito bueno y llegará hasta el conocimiento. Sin ese esfuerzo del estudiante no hay luz, ¡solamente sombras! [221]

Conclusión

Ramón Llull trató aún de las artes liberales y mecánicas en cuatro obras más: el Liber de praedicatione (1304) [222], el Ars generalis ultima (1305) [223], el Ars brevis (1308) [224] y el Liber de refugio intellectus (1309) [225], sin añadir substancialmente nada nuevo a sus definiciones de las obras anteriores. Llull repite las mismas definiciones en muchas obras suyas, como fundamentos para diferentes aplicaciones para su Arte, sin traer ninguna información nueva a las definiciones anteriores. [226]

En el Liber de praedicatione, Llull dedica un capítulo al último de los sujetos de la escalera, y allí cita las diversas artes mecánicas, además de algunas artes liberales. Para él, los hombres crean porque tienen la bondad en sí, y así pueden hacer artificialmente el bien, pero también instrumentalmente, es decir, a través de las artes mecánicas y similares. [227]

Por su parte, en el Ars generalis ultima y en el Ars brevis incluye las artes en el capítulo titulado “las cien formas”, con definiciones para que las cosas (“el sujeto”) sean asimiladas por el entendimiento y estudiadas a través de principios y reglas. [228] Se trata del tercer tipo de aplicación de los principios y reglas de su Arte. Las cien formas son principios básicos adicionales (metafísicos, lógicos y morales [229]) que contemplan diversos aspectos de la realidad [230], y como en el mundo sublunar el principio regente es la oposición de contrarios, las formas son plurales y su tránsito se efectúa mediante la generación y la corrupción. [231] Las definiciones lulianas de las formas son muy cortas y expresan la esencia de sus ideas, como se percibe en el Ars brevis:

40. Matemática es la forma con que el entendimiento humano despoja a la sustancia de sus accidentes. (…)

80. Teología es la ciencia que habla de Dios.

81. Filosofía es el sujeto por el que el entendimiento entra en relación con todas las ciencias.

82. Geometría es el arte inventada para medir líneas, ángulos y figuras.

83. Astronomía es el arte con la que el astrónomo conoce las virtudes y los movimientos que el cielo tiene efectivamente en las cosas inferiores.

84. Aritmética es el arte inventada para numerar muchas unidades.

85. Música es el arte inventada para ordenar muchas voces que concuerdan en un canto.

86. Retórica es el arte con la que el retórico adorna y colorea sus palabras.

87. Lógica es el arte con la que el lógico encuentra la conjunción natural entre el sujeto y el predicado.

88. Gramática es el arte de encontrar la manera correcta de hablar y de escribir.

89. Moralidad es el hábito de hacer el bien o el mal.

90. Política es el arte con la que los burgueses procuran el bien público de las ciudades.

91. Derecho es el acto reglado en el hombre habituado de justicia.

92. Medicina es el hábito con el que el médico procura la salud del paciente.

93. Regimiento es la forma con la que el príncipe rige su pueblo.

94. Caballería es el hábito con el que el caballero ayuda al príncipe a mantener la justicia.

95. Comercio es el hábito con el que el mercader sabe comprar y vender.

96. Navegación es el arte con la que los marineros saben navegar por el mar. [232]

Además de citar todas las artes ya descritas en sus otros libros, Llull incluye tres ítems sobre política (90), moralidad (89) y gobierno (93) como ciencias generales. [233]

*

De acuerdo con todos los contenidos analizados, es bastante difícil clasificar el pensamiento de Llull. Inicialmente, él percibe la sociedad de su tiempo bajo una perspectiva esencialmente mística. Muy crítico, acusa a los abogados y a los médicos de todos los tipos de pecado, teniendo siempre la vida de Jesucristo como ejemplo.

En ese primer momento, su mirada se dirige especialmente hacia las artes mecánicas, los oficios manuales. Llull tiene una especial atención y cariño para con los campesinos, para él el oficio más importante y esencial de todos, e injustamente criticado. En la misma época, redacta la Doctrina pueril para su hijo, colocando la educación religiosa en un nivel superior a la educación laica. A pesar de conocer y por primera vez clasificar las artes del trivium y del quadrivium, por el hecho de enfatizar el estudio del trivium – y en él especialmente la Gramática – el pensamiento de Llull está muy próximo a la llamada teología monástica del siglo XIII, que criticaba el excesivo énfasis daba a la lógica y a la dialéctica por la teología escolástica. [234]

Sin embargo, esto no es tan simple, pues la defensa que Llull hace de las razones necesarias para la propagación del cristianismo frente a las otras religiones lo aproxima a los teólogos escolásticos y sus silogismos, a las órdenes mendicantes y a su dedicación al estudio de las artes. Además de eso, su defensa de la filosofía al servicio de la teología en el Libre d’intenció lo coloca en la mejor tradición franciscana de reconducción de las ciencias a la teología, cómo el pensamiento de San Buenaventura. [235] Y si profundizamos aún más en estas analogías, veremos que clasificar el filósofo catalán es aún más difícil, pues al defender el estudio del derecho para los monjes en Blaquerna, Llull se opone a la decisión de la Iglesia, que en 1139 prohibió a los monjes el estudio del derecho. [236]

De hecho, las dificultades de comprensión prosiguen, pues Llull defiende la contemplación como grado superior máximo de la búsqueda del conocimiento, y simultáneamente valora el trabajo mecánico mucho más que Hugo de San Víctor propuso. Tal vez Llull sea el único escritor medieval que escribiera palabras tan generosas para los campesinos, un trazo muy interesante de su pensamiento, que mezcla, como se ha dicho anteriormente, el antiguo y el nuevo, y crea un puente entre el siglo XII místico-contemplativo, el siglo XIII de las corporaciones de oficios, y el siglo XIV de la burguesía urbana que tanto critica. Sea como fuere, tal vez la parte más original de sus escritos sobre las artes liberales sea el curioso ejemplo de la belleza y de la bondad en el Arbre exemplifical, una de las obras más originales de todo el opus luliano.

Para concluir, pienso que el sentido pedagógico de la educación y la clasificación de las artes liberales y mecánicas en la obra de Ramón Llull permite al investigador e historiador conocer uno de los matices más interesantes de la visión medieval del mundo, del sentido profundo del conocimiento como búsqueda de la sabiduría y, en última instancia, la contribución de los medievales al proceso adquisitivo del conocimiento universal. Los extractos de los textos lulianos relativos a las artes ofrecen aún la oportunidad de percibir una sociedad con muchas facetas, un mundo rico, contradictorio y en un proceso de rápidos cambios sociales y culturales. En él, hombres como Ramón Llull intentaban entender el porqué de todo eso, además de intentar clasificar y jerarquizar los nuevos conocimientos adquiridos. Su siglo, el siglo XIII, siglo de las grandes sumas y enciclopedias, tuvo esa pretensión: abarcar las nuevas ramificaciones del saber sin abandonar las seculares tradiciones cristianas que entendieron el saber como búsqueda desinteresada y amorosa en búsqueda de la felicidad y de Dios.


Las siete artes liberales (1486) de Sandro Botticelli (1445-1510).
Lorenzo Tornabuoni en el Círculo de la Sabiduría (1486)

238 x 284 cm, Musée du Louvre, Paris. Internet.
“Para la Villa Lemmi Botticelli realizó dos frescos con motivo del matrimonio entre Lorenzo Tornabuoni y Giovanna degli Albizzi. Los protagonistas son los novios, que están siendo presentados a diferentes figuras mitológicas y alegóricas. Mientras Venus regala flores a Giovanna, Lorenzo es introducido por la en el círculo de las Siete Artes liberales, entre las que destaca la Sabiduría. Cada una de las artes aparece con su atributo: la Retórica con el rollo de papel, la Dialéctica con el escorpión, la Aritmética con una hoja de fórmulas matemáticas, la Geometría con una escuadra, la Astronomía con una esfera celeste y la Música con un pandero y un órgano portátil. La Sabiduría – que porta rama de olivo como símbolo de paz – saluda a Lorenzo. Con esta alegoría se indica la amplia educación recibida por Lorenzo, especializado en los asuntos aritméticos por sus negocios bancarios, siendo esta figura la única que mira directamente al joven. Junto a Lorenzo encontramos un amorcillo que sostenía el escudo familiar. El estilo de Botticelli queda de manifiesto en esta obra donde las figuras tienen una destacada monumentalidad, reforzada por la línea de los contornos y el volumen conseguido gracias a la luz. El colorido es muy vivo y variado, a pesar de tratarse de un fresco”, en arteHistoria. A partir de entonces, las siete artes liberales cayeron cada vez más en el descrédito: “Los humanistas, demasiado afectos del cambio, condenaron injustamente el sistema de las siete artes liberales como bárbaro” – O. WILLMANN, “Las Siete Artes Liberales”, The Catholic Enciclopedia.


Notas

[1] Este artículo es parte de un trabajo de investigación post-doctoral realizado en la Universitat Internacional de Catalunya (Barcelona). Siglas utilizadas en ese trabajo: EL = Estudios Lulianos (Palma, 1957-1990), GGL = Glossari General Lul.ià, Miquel Colom Mateu, Mallorca, Editorial Moll, 5 vols., 1982-1985, MOG = Raymundi Lulli Opera omnia, ed. I. Salzinger, 8 Vols. (Maguncia, 1721-42), NEORL = Nova Edició de les Obres de Ramon Llull (Palma, 1990 e ss.), OE = Ramon Llull, Obres Essencials, 2 Vols. (Barcelona, 1957-60), ORL = Obres de Ramon Llull, edició original, 21 vols (Palma, 1906-50), OS = Obres selectes de Ramon Llull (1232-1316), ed. A. Bonner, 2 Vols. (Palma, 1989), ROL = Raimundi Lulli Opera Latina (Palma y Turnhout, 1959 ss.), SL = Studia Lulliana (Palma, 1991 ss.).

[2] Profesor de Historia Medieval de la Universidade Federal do Espírito Santo (Ufes – Brasil) y bolsista pós-doutoral BBC 2005 (Beques per a joves membres dels casals catalans) de la Generalidad de Cataluña.

[3] “Distinción qui tracta de veer”, LC, cáp. CIII-CXXIV, OE, vol. II, 1960, p. 318-374.

[4] LC, cáp. CIV, p. 320-322.

[5] LC, cáp. CVII, p. 327-329.

[6] LC, cáp. CVIII-CIX, p. 329-334.v

[7] R. DA COSTA, “Cluny, Jerusalén celeste encarnada”, Mediaevalia, textos e estudos, 21, 2002, p. 128.

[8] LC, cáp. CX, 13, p. 335.

[9] El abad Suger de Saint-Dennis y sus tesoros artísticos (ed., comentarios y notas de Edwin Panofsky), Madrid, Catedra, 2004, p. 26-34.

[10] A. LLINARÈS, Ramon Llull, Barcelona, Edicions 62, 1987, p. 45-46.

[11] Vita Coetania (VC) II, 13 y III, 14, en Obres selectes de Ramon Llull (1232-1316), vol. I, Palma, 1989.

[12] J. HILLGARTH, Ramon Llull i el naixement del lul.lisme, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1998.

[13] LC, caps. CXI-CXII, p. 336-341.

[14] BERNARDO DE CLARAVAL, “Libro sobre las glorias de la nueva milicia. A los caballeros templarios”, Obras completas de San Bernardo I. Biblioteca de autores cristianos (BAC), Madrid, MCMXCIII, p. 496-543.

[15] BERNARDO DE CLARAVAL, “Sobre la consideración”, BAC, Madrid, MCMXCIV, p. 76-79.

[16] LC, cáp. CXIV, 27, p. 346.

[17] L. CIFUENTES, “Vernacularization as an Intellectual and Social Bridge. The Catalan Translations of Teodorico’s Chirurgia and of Arnau de Vilanova’s Regimen sanitatis”, Early Science and Medicine. A Journal for the Study of Science, Technology and Medicine in the Pre-modern Period, vol. 4, n. 2, Leiden, Brill, 1999, p. 127-148, citado por L. BADIA, “La Ciència a l’obra de Ramon Llull”, en J. VERNET i R. PARÉS (dirs.), La Ciència en la Història dels Països Catalans I. Dels àrabs al Renaixement, Institut d’Estudis Catalans, Universitat de València, 2004, p. 403-442.

[18] VC, I, 16.

[19] N. SIRAISI, “A Faculdade de Medicina”, H. DE RIDDER-SYMOENS (coord.), Uma história da universidade na Europa, volume I: as universidades na Idade Média, Lisboa, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 1996, p. 368; R. GARCIA-VILLOSLADA, Historia de la Iglesia Católica II – Edad Media (800-1303), BAC, MMIII, p. 768.

[20] J. VERNET I SAMSÓ, “La ciència i la tècnica als Països Catalans durant la baixa edad mitjana”, en J. VERNET i R. PARÉS (dirs.), La Ciència en la Història dels Països Catalans I. Dels àrabs al Renaixement, op. cit., p. 258.

[21] LC, cáp. CXV, 2, p. 347.

[22] LC, cáp. CXV, 18, p. 348.

[23] L. BADIA, “La ciència a l’obra de Ramon Llull”, op. cit.

[24] LC, cáp. CXV, 15, p. 348.

[25] J. LE GOFF e N. TRUONG, Uma História do Corpo na Idade Média, Lisboa: Editorial Teorema, 2005, p. 93; MCVAUGH, Michael R., “La medicina i els metges a la baixa edat mitjana”, J. VERNET i R. PARÉS (dirs.), La Ciència en la Història dels Països Catalans I. Dels àrabs al Renaixement, op. cit., p. 368.

[26] LC, cáp. CXV, 20, p. 348.

[27] La herrería era uno de los servicios comunitarios más importantes en la Edad Media. Con ello, el señor aseguraba que sus vasallos tuviesen los medios necesarios para trabajar la tierra, es decir, para herrar los animales y fabricar las herramientas de cultivo. J. SERRANO DAURA, Senyoriu i municipi a la Catalunya Nova (segles XII-XIX), Barcelona, Fundació Noguera, 2000, p. 571.

[28] El escribano (o notario) era uno de los oficios más importantes en la organización señorial. En el siglo XIII, los señores han asumido el servicio de notária y el derecho de designar notario público en sus distritos. J. SERRANO DAURA, Senyoriu i municipi a la Catalunya Nova, op. cit., p. 814. Llull habla de escribanos de cartas de compra venda. Libre de contemplació, cáp. CXXII, 5, p. 366.

[29] La carnicería era uno de los servicios reservados a la señoría, se cita en muchas concesiones expresas de cartas de población. Tenía las personas y los utensilios necesarios, y la “taula”, es decir, el local de venta que era puesto donde fuera más conveniente. J. SERRANO DAURA, Senyoriu i municipi a la Catalunya Nova, op. cit., p. 568-571.

[30] El batlle era el máximo representante señorial de un lugar, la primera autoridad local. Estaba encargado de la administración y explotación del patrimonio de su señor del gobierno municipal y de la administración de justícia. J. SERRANO DAURA, Senyoriu i municipi a la Catalunya Nova, op. cit., p. 788-797.

[31] El veguer (vicarius regius) era un oficial trienal nombrado por el rey entre los candidatos seleccionados por su lugarteniente general. Eso oficio era generalmente ejercido por un caballero o noble. El veguer ejercía en nombre del príncipe una jurisdicción civil y criminal en su distrito: plena en las ciudades, villas y lugares reales, y limitada en las tierras de los barones. V. FERRO, El Dret Públic Català. Les Institucions a Catalunya fins al Decret de Nova Planta, Eumo Editorial, Vic, 1993, p. 121-122.

[32] A partir de la mitad del siglo XII surgió el título de procurador, para que los príncipes pudiesen tener una persona para regir sus fragmentados dominios. A lo largo del siglo XIII se definió el cargo de procurador general, con atribuciones amplias en materia de gobierno i justicia, en oposición al cargo de procurador especial y procuradores patrimoniales. V. FERRO, El Dret Públic Català, op. cit., p. 49.

[33] El saig era otro oficial señorial adscrito a la organización judicial. Tenía funciones auxiliares y siempre vinculadas al batlle. J. SERRANO DAURA, Senyoriu i municipi a la Catalunya Nova, op. cit., p. 826-831.

[34] Calafate (del ár. hisp. qalafát). Hombre que calafatea las embarcaciones, GGL, vol. I, 1982, p. 273.

[35] J. LE GOFF e N. TRUONG, Uma História do Corpo na Idade Média, op. cit., p. 58.

[36] L. GARCÍA BALLESTER, La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval, Barcelona, Ediciones Península, 2001, p. 74.

[37] Citado en P. CONTAMINE, M. BOMPAIRE, S. LEBECQ, J-L. SARRAZIN, La economía medieval, Madrid, Ediciones Akal, 2000, p. 201.

[38] LC, cáp. CXVI, 1, p. 349.

[39] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, J. CORCÓ, A. FIDORA, J. OLIVES PUIG, J. PARDO PASTOR (coord.), Què és l’Home? Reflexions antropològiques a la Corona d’Aragó durant l’ Edat Mitjana, Barcelona, Prohom Edicions, 2004, p. 138.

[40] A. LLINARÈS, Ramon Llull, op. cit., p. 45.

[41] LC, cáp. CXVI, 15, p. 351.

[42] LC, cáp. CXVII, 2, p. 352.

[43] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 137.

[44] Mt 4, 19 y 13, 47-50; Mc 1, 17 y Lc 5, 10; OE, vol. II, 1960, p. 1264, n. 119 y 120.

[45] LC, cáp. CXVII, 28, p. 355.

[46] J. PAUL, Historia intelectual del occidente medieval, Madrid, Cátedra, 2003, p. 309-310.

[47] LC, cáp. CXVIII, 2-3, p. 355.

[48] LC, cáp. CXVIII, 16 y 26, p. 356 y 357.

[49] LC, cáp. CXIX, 25, p. 360.

[50] LC, cáp. CXX, 4, p. 361.

[51] LC, cáp. CXX, 13, p. 361.

[52] LC, cáp. CXX, 17, p. 362. La muerte es un de los temas más recurrentes en la obra luliana. Una buena descripción de la muerte – corporal y espiritual – se encuentra en el Libre de homine (escrito en 1300), ORL XXI (1950), p. 1-159. Ver también R. DA COSTA, “A meditatio mortis no Livro do Homem (1300) de Ramon Llull”.

[53] LC, cáp. CXX, 23-24, p. 362.

[54] LC, cáp. CXXI, 1-4, p. 363.

[55] LC, cáp. CXXI, 11, p. 364.

[56] LC, cáp. CXXI, 20, p. 365.

[57] LC, cáp. CXXII, 1, p. 366.

[58] LC, cáp. CXXII, 1-2, p. 366.

[59] LC, cáp. CXXII, 20, p. 368.

[60] El Puig de Randa, en Mallorca.

[61] VC II, 14; L. BADIA, A. BONNER, Ramón Llull: vida, pensamiento y obra literaria, Barcelona, Quaderns Crema, 1993, p. 21-24.

[62] L. BADIA, “La Ciència a l’obra de Ramon Llull”, op. cit.

[63] R. D. F. PRING-MILL, “La Doctrina pueril: conreu i transmissió d’una cultura”, Estudis sobre Ramon Llull, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1991, p. 321-322.

[64] J. SANTANACH SUÑOL, “Cové que hom fassa apendre a son fill los .xiiii. articles”: la Doctrina pueril com a tractat catequètic”, Literatura i Cultura a la Corona d’Aragó (s. XIII-XV), Actes del III Col•loqui Problemes i Mètodes de Literatura Catalana Antiga, Universitat de Girona, 5-8 de juliol del 2000 (ed. Lola Badia, Miriam Cabré i Sadurní Martí), Barcelona, Curial Edicions Catalanes / Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2002 (Textos i Estudis de Cultura Catalana, 85), p. 419-430.

[65] J. LE GOFF e N. TRUONG, Uma História do Corpo na Idade Média, op. cit., p. 86.

[66] L. BADIA, “Ramón Llull y la cuadratura del círculo”, Concentus libri. Boletín informativo de la Asociación de Bibliófilos de España, 12, abril 2000, p. 300-305.

[67] Doctrina pueril (a cura de Gret Schib), Barcelona, Editorial Barcino, 1957, XXX-XXXVI, p. 90-101.

[68] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 139.

[69] DP, cáp. XXXIV, 1-3, p. 96-97.

[70] R. DA COSTA, “A Educação na Idade Média. A busca da Sabedoria como caminho para a Felicidade: Al-Farabi e Ramon Llull”, Dimensões – Revista de História da UFES 15. Dossiê História, Educação e Cidadania. Vitória, Ufes, Centro de Ciências Humanas e Naturais, EDUFES, 2003, p. 99-115.

[71] DP, cáp. XXXIV, 4, p. 97.

[72] DP, Prólogo, 4, p. 40.

[73] T. y J. CARRERAS Y ARTAU, Historia de la Filosofia Española. Filosofia cristiana de los siglos XIII al XV, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1939, vol. I, p. 610-612.

[74] M. BATLLORI, “El pensament pedagògic de Ramon Llull”, Ramon Llull i el lul.lisme, València, Biblioteca d’estudis i investigacions, 1993, p. 130.

[75] DP, cáp. LXXIII, 1, p. 168.

[76] L. BADIA, A. BONNER, Ramón Llull: vida, pensamiento y obra literaria, op. cit., p. 133.

[77] L. BADIA, “A propòsit de Ramon Llull i la gramàtica”, op. cit., p. 186.

[78] L. BADIA, “A propòsit de Ramon Llull i la gramàtica”, op. cit., p. 176.

[79] DP, cáp. LXXIII, 2, p. 168-169.

[80] G. LEFF, “A Faculdade de Artes”, op. cit., p. 312.

[81] DP, cáp. LXXIII, 3, p. 169.

[82] J. PAUL, Historia intelectual del occidente medieval, op. cit., p. 221. Hugo de San Víctor también une la lógica a la gramática: “Logica dicitur a Graeco logos, quod nomen geminam habet interpretationem. [750A] dicitur enim logos sermo sive ratio, et inde logica sermocinalis sive rationalis scientia dici potest.” – HUGONIS DE SANCTO VICTORE DIDASCALICON.

[83] C. L. MENDONZA, “Dialética medieval ou a arte de disputar científicamente”, L. M. MONGELLI (coord.), Trivium & Quadrivium. As artes liberais na Idade Média, São Paulo, Editora Íbis, 1999, p. 118.

[84] DP, cáp. LXXIII, 4, p. 169.

[85] Hay que decir que “la ciencia de la verdad” consiste en aceptar uno de los contrarios de una proposición y rechazar el otro, considerado falso (SANTO TOMÁS, Contra Gent., I, 1). Así, sólo se puede demostrar propiamente la verdad, porque el falso, el error u la mentira, aunque parezcan verdaderos en la argumentación sofística, no lo son en las cosas. Lo falso no está propiamente en las cosas, mas se encuentra en la inadecuación entre las cosas y el entendimiento. En consecuencia, se dice que es falsa una cosa cuando en ella aparecen cualidades sensibles que muestran una naturaleza que no está tras ellas (SANTO TOMÁS, De Veritate, a. 10, Reponsio). “Toda cosa es sin más verdadera y ninguna cosa es falsa, pero, bajo cierto aspecto, es decir, por comparación al entendimiento humano, algunas cosas son falsas” (SANTO TOMÁS, De Veritate, a. 10, Reponsio).

[86] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, Tomo IV (Q-Z), Barcelona, Editorial Ariel, S. A., 1994, p. 3.335.

[87] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., p. 3.338.

[88] E. JAULENT, “A demonstração por equiparação de Raimundo Lúlio (Ramon Llull)”, L. A. DE BONI (org.), Lógica e Linguagem na Idade Média, Porto Alegre, Edipucrs, 1995, p. 145-162.

[89] J. PAUL, Historia intelectual del occidente medieval, op. cit., p. 354. “Los escolásticos medievales contribuyeron a la elaboración de la doctrina silogística en todas sus partes y a su presentación formalizada.” – J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., p. 3.275.

[90] Citado en GGL, vol. V, 1985, p. 106.

[91] RAMON LLULL. Lògica nova. (a cura d’Antoni Bonner). Nova edició de les obres de Ramon Llull (NEORL). Pama, Patronat Ramon Llull, 1998, vol. IV, p. 79.

[92] Disputatio Petri clerici et Raymundi phantastici (= Phantasticus), obra escrita en octubre de 1311, de Paris a Vienne.

[93] RAMON LLULL, “Versió catalana de la Disputa del clergue Pere i de Ramon, el fantàstic”, L. BADIA, Teoria i pràctica de la Literatura en Ramon Llull, Barcelona, Quaderns Crema, 1992, p. 220. Los medievales se interesaron particularmente por la silogística modal. Ver C. L. MENDONZA, “Dialética medieval ou a arte de disputar científicamente”, op. cit., p. 136-137.

[94] DP, cáp. LXXIII, 4, p. 169.

[95] Las otras artes están así distribuidas en la Doctrina pueril: Gramática (3 artículos), Retórica (4), Geometría (3), Aritmética (2), Música (1) y Astronomía (3 artículos).

[96] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, Arts libéraux et Philosophie au Moyen Âge, Actes du Quatrième Congrès Internacional de Philosophie Médiévale, Université de Móntreaul, Móntreaul/Paris, Canada, 1969, p. 686.

[97] DP, cáp. LXXIII, 8, p. 170; J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., Tomo III, 1994, p. 2.1792-2.180.

[98] “...la dialética, también denominada lógica (...) con los más sutiles argumentos, separa lo verdadero de lo falso.” – SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 2004, Libro I, 2, p. 277.

[99] Agradezco a los Profesores Alexander Fidora (Wissenschaftlicher Mitarbeiter de la Johann Wolfgang Goethe Universität), Esteve Jaulent (Instituto Brasileiro de Filosofia e Ciência Raimundo Lúlio) y mi hermano Sidney Silveira, por sus esclarecimientos sobre la lógica medieval.

[100] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., Tomo IV, 1994, p. 3.085-3086.

[101] G. LEFF, “A Faculdade de Artes”, op. cit., p. 315.

[102] DP, cáp. LXXIII, 9, p. 170.

[103] PRING-MILL, R. “El Microcosmos Lul.lià”, Estudis sobre Ramon Llull, op. cit., p. 53.

[104] DP, cáp. LXXIII, 11, p. 170.

[105] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ, Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 117. Ver también I. ROVIRÓ I ALEMANY, “De la bellesa sensible a la font de la bellesa: la bellesa en Ramon Llull”, Actes del Simposi Internacional de Filosofia de l’Edat Mitjana. Vic-Girona, 11-16 d’abril de 1993, “Actes, núm 1”, Vic, Patronat d’Estudis Osonencs, 1996, p. 389-395.

[106] L. BADIA, “Ramon Llull i la tradició literària”, Teoria i pràctica de la literatura en Ramon Llull, op. cit., p. 82.

[107] DP, cáp. LXXIII, 12, p. 170.

[108] PLATÓN, Fedro 26, 1a.

[109] M. BATLLORI, “El pensament pedagògic de Ramon Llull”, Ramon Llull i el lul.lisme, op. cit., p. 131.

[110] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 687.

[111] Platón contrapuso el uso práctico de la Geometría a su fin teorético, es decir, “…conocer aquello que siempre es y no el que nace y perece.” (Rep., VII, 527b). Aristóteles tambien insistió en el procedimiento abstractivo de la Geometría (Metafísica, XI, 1061-29).

[112] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 152-153, n. 33.

[113] L. BADIA, “Ramón Llull y la cuadratura del círculo”, op. cit.

[114] L. BADIA, “La ciència a l’obra de Ramon Llull”, op. cit.

[115] L. BADIA, “La ciència a l’obra de Ramon Llull”, op. cit.

[116] HUGONIS DE SANCTO VICTORE DIDASCALICON.

[117] DP, cáp. LXXIV, 1-3, p. 170-171.

[118] J. NORTH, “O Quadrivium”, H. DE RIDDER-SYMOENS (coord.), Uma história da universidade na Europa, volume I: as universidades na Idade Média, op. cit., p. 346.

[119] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 688.

[120] DP, cáp. LXXIV, 5, p. 171.

[121] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 687.

[122] DP, cáp. LXXIV, 4, p. 171.

[123] J. NORTH, “O Quadrivium”, op. cit., p. 343.

[124] Como, por ejemplo: “Música es el arte encontrada para ordenar muchas voces concordantes en un canto”, citado en GGL, vol. III, 1984, p. 395.

[125] SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías, op. cit., Libro III, 17 y 39, p. 445 y 481.

[126] GGL, vol. I, 1982, p. 169.

[127] Quizás una excepción a la regla sea San Isidoro de Sevilla, quien diferencia la astronomía de la astrología. Ver Etimologías, op. cit., Libro III, 27, p. 457.

[128] A. FRIAÇA, “A unidade do saber nos céus da Astronomia medieval”, L. M. MONGELLI (coord.), Trivium & Quadrivium. As artes liberais na Idade Média, São Paulo, Editora Íbis, 1999, p. 289-329.

[129] R. DA COSTA, “Olhando para as estrelas, a fronteira imaginária final – Astronomia e Astrologia na Idade Média e a visão medieval do Cosmo”, Dimensões – Revista de História da UFES 14. Dossiê Territórios, espaços e fronteiras, Vitória, EDUFES, 2002, p. 481-501.

[130] R. DA COSTA, “Olhando para as estrelas, a fronteira imaginária final…”, op. cit.

[131] DIONISO AREOPAGITA, “La jerarquia celeste”, I, 1, Obras completas. Madrid: BAC, MCMXC.

[132] DP, cáp. LXXIV, 8, p. 172. Los astros considerados planetas en la Edad Media eran: 1) la Luna, 2) Mercurio, 3) Venus, 4) Sol, 5) Marte, 6) Júpiter y 7) Saturno.

[133] PRING-MILL, R. “El Microcosmos Lul.lià”, Estudis sobre Ramon Llull, op. cit., p. 65.

[134] DP, cáp. LXXIV, 8, p. 172.

[135] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 139.

[136] DP, cáp. LXXIV, 9, p. 172.

[137] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ, “Prefaci”, Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 10.

[138] GGL, vol. III, 1989, p. 21.

[139] DP, cáp. LXXV, 2, p. 173.

[140] DP, cáp. LXXV, 5, p. 173.

[141] DP, cáp. LXXV, 6, p. 173-174.

[142] A. BONNER, OS, vol. I, p. 70; L. EIJO GARAY, “Las ‘razones necesarias’ del Bto R. L. en el marco de su época”, EL 9 (1965), p. 23-38; J. J. GRACIA, “La doctrina luliana de las razones necesarias en el contexto de algunas de sus doctrinas epistemológicas y sociológicas”, EL 19 (1975), p. 25-40.

[143] DP, cáp. LXXV, 7, p. 174.

[144] J.-I. SARANYANA, La Filosofía medieval, Pamplona, Eunsa, 2003, p. 117-134, y E. MITRE FERNÁNDEZ, “Sociedad y cultura cristianas en el Occidente altomedieval”, Historia del cristianismo. II. El mundo medieval, Madrid, Editorial Trotta, 2004, p. 118-133.

[145] DP, cáp. LXXVI, 1-4, p. 174-175.

[146] DP, cáp. LXXVI, 7, p. 175.

[147] DP, cáp. LXXVI, 8, p. 175.

[148] DP, cáp. LXXVII, 1, p. 175-176.

[149] L. CIFUENTES I COMAMALA, “L’ús del català en els textos científics durant la baixa edat mitjana i el primer Renaixement”, J. VERNET i R. PARÉS (dirs.), La Ciència en la Història dels Països Catalans I. Dels àrabs al Renaixement, op. cit., p. 348.

[150] L. GARCÍA BALLESTER, La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval, op. cit., p. 58.

[151] DP, cáp. LXXVII, 1, p. 175.

[152] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., Tomo I, 1994, p. 167.

[153] Ver PRING-MILL, R. “El Microcosmos Lul.lià”, Estudis sobre Ramon Llull, op. cit., p. 58-62.

[154] DP, cáp. LXXVII, 11, p. 178.

[155] DP, cáp. LXXVII, 14-22, p. 178-180. Son ellas: Metafísica (los libros metafísicos componen el tratado del ser en cuanto ser, es decir, la ontología aristotélica), Física (Tratado sobre la naturaleza. Análisis del cambio), Del cielo (Cosmología), De la Generación y de la Corrupción, Meteoro, Del alma racional (la psicología), De dormir y despertar, Del sentir y del sentido, De los animales (Historias de los animales, Zoología, conjunto de estudios a los que Aristóteles dedicó la mayor parte de su actividad y que para algunos es su obra maestra).

[156] J. PAUL, Historia intelectual del occidente medieval, op. cit., p. 393.

[157] J. ARRIZABALAGA, “Les universitats”, J. VERNET i R. PARÉS (dirs.), La Ciència en la Història dels Països Catalans I. Dels àrabs al Renaixement, op. cit., p. 387.

[158] L. GARCÍA BALLESTER, La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval, op. cit., p. 90-92.

[159] J. LE GOFF e N. TRUONG, Uma História do Corpo na Idade Média, op. cit., p. 95.

[160] Citado en L. GARCÍA BALLESTER, La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval, op. cit., p. 59.

[161] L. GARCÍA BALLESTER, La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval, op. cit., p. 60.

[162] DP, cáp. LXXVIII, 5, p. 181.

[163] DP, cáp. LXXVIII, 26-27, p. 186.

[164] A. LLINARÈS, “Le travail manuel et les arts mécaniques chez Raymond Lulle”, Raymond Lulle et le Pays d’Oc, “Cahiers de Fanjeaux” 22, Tolosa, Privat, 1987, p. 169-189.

[165] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 689.

[166] DP, cáp. LXXIX, 2, p. 186.

[167] DP, cáp. LXXIX, 3, p. 186-187.

[168] DP, cáp. LXXIX, 6, p. 187.

[169] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 140.

[170] DP, cáp. LXXIX, 7, p. 187.

[171] “[774B]...nullam denique scientiam vilem teneas, quia omnis scientia bona est.” – HUGONIS DE SANCTO VICTORE DIDASCALICON.

[172] M. CRUZ HERNÁNDEZ, El pensamiento de Ramon Llull, Valencia, Fundación Juan March y Editorial Castalia, 1977, p. 230.

[173] DP, cáp. LXXIX, 9-12, p. 187-188.

[174] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 690.

[175] R. DA COSTA, A. ZIERER, “Boécio e Ramon Llull: a Roda da Fortuna, princípio e fim dos homens”, A. FIDORA, A. NIEDERBERGER (edits.), Revista Convenit Internacional 5, Editora Mandruvá, 2000.

[176] Libre d’intenció, V.19, 6.

[177] Arbre de ciència, OE, vo. I, 1959, p. 556.

[178] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 144.v

[179] E. COLOMER, “Las artes liberales en la concepción científica y pedagógica de Ramón Llull”, op. cit., p. 685.

[180] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ. Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 189.

[181] OE, vol. I, 1959, p. 557.

[182] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., Tomo I, 1994, p. 40.

[183] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 145.

[184] Op. cit., p. 145.

[185] OE, vol. I, p. 629.

[186] ORL, vol. XI, 1917, p. 213.

[187] OE, vol. I, p. 630.

[188] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ. Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 250.

[189] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ. Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 161.

[190] OE, vol. I, p. 630-631.

[191] J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, op. cit., Tomo IV, 1994, p. 3.662.

[192] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 150.

[193] OE, vol. I, p. 631.

[194] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 152.

[195] L. BADIA, “La ciència a l’obra de Ramon Llull”, op. cit.; J. VERNET, “El mundo cultural de la Corona de Aragón con Jaime I”, Estudios sobre historia de la ciencia medieval, Bellaterra, Universitat Autònoma de Barcelona, 1979, p. 71-94.

[196] ORL, vol. XI, 1917, p. 217.

[197] M. CRUZ HERNÁNDEZ, El pensamiento de Ramon Llull, op. cit., p. 227.

[198] OE, vol. I, p. 631.

[199] OE, vol. I, p. 631.

[200] OE, vol. I, p. 632.

[201] ORL, vol. XI, 1917, p. 220.

[202] OE, vol. I, p. 632.

[203] Començaments de medicina (Liber principiorum medicinae), obra escrita entre 1274 y 1278.

[204] ORL, vol. XI, 1917, p. 222.

[205] OE, vol. I, p. 633.

[206] L. BADIA, A. BONNER, Ramón Llull: vida, pensamiento y obra literaria, op. cit., p. 147.

[207] OE, vol. I, 1959, p. 799.

[208] R. D. F. PRING-MILL, “Els recontaments de l’Arbre exemplifical de Ramon Llull: la transmutació de la Ciència en Literatura”, Estudis sobre Ramon Llull, op. cit., p. 307-317.

[209] Ver J. BREMOND, J. LE GOFF, J.-C, SCHMITT, L’Exemplum, Typologie des sources du Moyen Age Occidental, fasc. 40, 1982 y J. BERLIOZ. M. A. POLO DE BEAULIEU, Les Exempla Médiévaux. Introduction à la recherche, GARAE/Hésiode, Carcassonne, 1991.

[210] R. J. GONZÁLEZ CASANOVAS, La novela ejemplar de Ramón Llull: Interpretaciones literarias de la misión, Barcelona, Ediciones Jucar, 1998, p. 65.

[211] F. DOMÍNGUEZ REBOIRAS, “Introducción General. La vida de Ramon Llull alrededor del año 1300”, ROL, tom. XIX, 1993, p. XLIV.

[212] F. DOMÍNGUEZ REBOIRAS, “Moltes novelles raons. La originalidad del Ars Praedicandi de Ramon Llull en su contexto medieval”, N. TOSCANO (ed.), Anuario Medieval 4, New York, St. John’s University, 1992, p. 97.

[213] R. J. GONZÁLEZ CASANOVAS, La novela ejemplar de Ramón Llull, op. cit., p. 77-78.

[214] L. BADIA, “La literatura alternativa de Ramon Llull: tres mostres”, en Actes del Setè Congrés Internacional de l’Associació Hispánica de Literatura Medieval. Castelló de la Plana, 1997.

[215] OE, vol. I, 1959, p. 827-828.

[216] RAMON LLULL, Libre de Meravelles, OE, vol. I, cáp. XIV, p. 346; FERNANDO DOMÍNGUEZ REBOIRAS, “Der Religionsdialog bei Raimundus Lullus. Apologetische Prämissen und kontemplative Grundlage”, KLAUS JACOBI (Hrsg.), Gespräche lesen. Philosophische Dialoge im Mittelalter, Tübingen, 1999, p. 263-290.

[217] A. R. SCHMIDT PATIER, “Prefácio”, WOLFRAM VON ESCHENBACH, Parsifal, São Paulo, Antroposófica, 1995, p. 22.

[218] R. DA COSTA y A. S. GONÇALVES, “Codex Manesse: quatro iluminuras do Grande Livro de Canções manuscritas de Heidelberg (século XIII) – análise iconográfica”, A. LEÃO y V. O. BITTENCOURT (orgs.), Anais do IV Encontro Internacional de Estudos Medievais – IV EIEM, Belo Horizonte, PUC Minas, 2003, p. 266-277; MARTÍN DE RIQUER, Història de la literatura catalana, Barcelona, Edicions Ariel, 1964, vol. I, p. 348-352.

[219] OE, vol. I, 1959, p. 828.

[220] J. LAUAND, “S. Tomás de Aquino e os Pecados Capitais”, Notandum 10, Ano VI, n. 10, 2003.

[221] Agradezco la graciosa y muy gentil interpretación hecha por el profesor Pere Villalba Varneda (UAB) durante una generosa clase particular sobre los ejemplos del Arbre exemplifical. Aquí sólo desarrollamos un poco más la esencia de su interpretación.

[222] Liber de praedicatione (= Ars magna praedicationis), escrito en diciembre de 1304 en Montpellier.

[223] Ars generalis ultima, escrito en noviembre de 1305 en Lyon hasta marzo de 1307 en Pisa.

[224] Ars brevis; Art breu, escrito en enero de 1308 en Pisa.

[225] ROL XI, p. 260-292.

[226] A. BONNER, M. I. RIPOLL PERELLÓ, “Advertiments”, Diccionari de definicions lul.lianes, op. cit., p. 62.

[227] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 156.

[228] RAMON LLULL, Arte breve, (introd. y trad. de Josep E. Rubio), Pamplona, EUNSA, 2004, p. 103 y 101.

[229] A. LLINARÈS, Ramon Llull, op. cit., p. 162.

[230] J. E. RUBIÓ, “Introducción”, Arte breve, op. cit., p. 51-52.

[231] M. CRUZ HERNÁNDEZ, El pensamiento de Ramon Llull, op. cit., p. 175.

[232] RAMON LLULL, Arte breve, op. cit., p. 103 y 106-107.

[233] P. VILLALBA I VARNEDA, “L’Home com a Artista en l’Arbor Scientiae”, op. cit., p. 156.

[234] G. M. COLOMBÁS, La tradición benedictina. Ensayo histórico. Tomo quinto: Los siglos XIII y XIV, Zamora, Ediciones Monte Casino, 1995, p. 402.

[235] SÃO BOAVENTURA, Recondução das Ciências à Teologia, Porto, Porto Editora, 1996.

[236] G. M. COLOMBÁS, La tradición benedictina. Ensayo histórico. Tomo quinto: Los siglos XIII y XIV, op. cit., 414.




Ricardo da Costa [2]


In: Revista Anales del Seminario de Historia de la Filosofía.

Madrid: Publicaciones Universidad Complutense de Madrid (UCM), vol. 23 (2006),

p. 131-164 (ISSN 0211-2337).


Fuente: Ricardo da Costa



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