MAX WEBER- Concepción luterana de la profesión





Capítulo III de La ética protestante y el espíritu del capitalismo.


Evidentemente, en el vocablo alemán “profesión” (beruf), aun cuando tal vez con más claridad en el inglés calling, existe por lo menos una remembranza religiosa: la creencia de una misión impuesta por Dios. Este sentido religioso del vocablo se manifiesta resplandeciente en todos los casos determinados en que se la emplee en su completa significación. Tras la génesis histórica de dicha voz a través de las diversas lenguas, se advierte, en primer lugar, que aquellos pueblos en los que predomina el catolicismo carecen de una expresión irisada con este matiz religioso para indicar eso que en alemán nombramos beruf (con el significado de posición en la vida, de una clase concreta de trabajo), así como en la antigüedad clásica (1) estaban faltos de ella, en tanto que la tenían los pueblos protestantes en su mayoría. Pasando al segundo término, podemos observar que la existencia del vocablo no corresponde a una condición étnica de las respectivas lenguas (por ejemplo, expresión propia de un “espíritu popular germánico”) antes bien lo encontramos con su significado actual, que adquiere vida, justamente, en las traducciones de la Biblia, mas no del espíritu del texto original, es decir, se origina del espíritu de quien la tradujo. (2) Parece ser que es en la traducción luterana de la Biblia donde figura por vez primera usado en nuestro actual sentido, en un pasaje de Jesús Sirach (11, 20 y 21). (3) La adopción de su significado actual no se hizo esperar en el habla común de los pueblos protestantes, en tanto que, con anterioridad, no aparecen señales de él en la literatura sagrada ni profana de esos mismos pueblos, salvo en un místico alemán que ejerció gran influjo en Lutero.

            Ahora bien, si el sentido literal es nuevo, también es nueva la idea: fruto de la Reforma. En tiempos del medievo no surgieron las dudas, así corno tampoco las hubo en la antigüedad (en el helenismo de la última etapa) para esa estimación del trabajo diario en el mundo, que lleva en sí la idea de profesión —a lo cual habremos de referirnos más adelante.

            En cualquier caso, lo nuevo, de manera absoluta, era que el contenido más honroso del propio comportamiento moral consistía, precisamente, en la conciencia del deber en el desempeño de la labor profesional en el mundo. Esa era la ineludible secuela del sacro sentido, por así decir, del trabajo y de lo que derivó en el concepto ético-religioso de profesión: concepto que traduce el dogma extendido a todos los credos protestantes, opuesto a la interpretación que la ética del catolicismo divulgaba de las normas evangélicas en praecepta y consilia y que como única manera de regirse en la vida que satisfaga a Dios acepta no la superación de la moralidad terrena por la mediación del ascetismo monacal, sino, ciertamente, la observación en el mundo de los deberes que a cada quien obliga la posición que tiene en la vida, y que por ende viene a convertirse para él en ‘profesión”.

            Esta idea se va desarrollando en el ánimo de Lutero mientras corre el primer decenio de su labor reformadora. (4) En los comienzos, apartado completamente de la tradición medieval conforme la representaba Santo Tomás de Aquino, (5) por ejemplo, consideraba que el trabajo en el mundo, no obstante por voluntad de Dios, es propio del orden de la materia, siendo la base natural requerida de la vida religiosa, incapaz de una valoración ética, como el hecho de comer o beber.(6) Pero, al paso que se fue afianzando en la idea de la sola fides, con todos sus resultados, y que la oposición a los “consejos evangélicos” del catolicismo monacal, “dictados por el diablo”, fue acrecentándose, la idea de “profesión” fijó con más precisión su fisonomía e hizo valer totalmente su significado. De acuerdo con Lutero, es ciertamente claro que a la vida monacal, además de faltarle valor para justificarse ante Dios, la sujeta un desamor egoísta que la desobliga del cumplimiento de los deberes en su paso por el mundo. Como contraste, aparece la idea, a un tiempo profana y religiosa, del trabajo profesional en calidad de evidente amor al prójimo, valiéndose de reflexiones que nada tienen de profanas, en extravagante oposición a los bien sabidos principios expuestos por Adam Smith (7) posteriormente, quedando afirmado que la distribución de la actividad obliga a cada quien a trabajar para los demás. Pero este fundamento de naturaleza escolástica pronto desapareció y vino a quedar únicamente la tesis sostenida con firmeza de que la observación de los propios deberes en el mundo es la sola manera de complacer a Dios, y que a El solamente le agrada eso y sólo eso, y que, en consecuencia, cualquier profesión lícita tiene ante Dios un valor absoluto por igual. (8)

            Indudablemente, el mundo entero está de acuerdo en que esta valoración ética de la actividad profesional lleva en sí una aportación, de las más importantes y sólidas de la Reforma, debida, principalmente, a Lutero. (9) Sin embargo, por todas partes está extendido un marcado interés en que semejante concepción permanezca alejada del odio acerbado con el que el espíritu contemplativo de Pascal expulsaba el amor a obrar en esta vida, únicamente explicable, a su parecer, por ostentación o sagacidad, (10) y más alejado está aún del acomodo utilitario al mundo, labor del probabilismo jesuítico. Ante tal evidencia, la - manera como deba representarse concretamente el alcance practico de dicha aportación por parte del protestantismo, es algo más confusamente sentido que conocido con toda claridad.

            Por de pronto, aun cuando apenas si es necesario recordarlo, no se puede comprobar ninguna afinidad entre Lutero y el “espíritu capitalista” en el sentido que nosotros le damos ni en otro alguno. Ciertamente, no existe ningún síntoma amistoso, siquiera, entre aquellos círculos eclesiásticos que con más vehemencia elogian el “hecho de la Reforma”. Y no está por demás decir que Lutero hubiera repudiado airadamente cualquier afinidad como la que, por ejemplo, se descubre en Franklin. Sin embargo, no es posible comprobar esta afirmación repitiendo sus peroratas contra los comerciantes en grande, como los Fugger y otros, (11) pues la batalla entablada contra la situación ventajosa, ya sea de hecho o de derecho, de ciertas importantes empresas mercan tiles de los siglos XVI y XVII encuentra más bien un paralelo a la lucha desatada en la actualidad en contra de los trusts, y no es en sí, por parte de ninguna de las dos la manifestación de un criterio tradicionalista. De igual manera, tanto los hugonotes como los puritanos se lanzaron en una violenta lucha contra este criterio, contra los lombardos, ‘os “trapecistas” y los monopolistas, hábiles especuladores y banqueros beneficiados por el anglicanismo, los monarcas y los parlamentarios de Francia e Inglaterra. (12) Después de la batalla de Dunbar (septiembre de 1650), Cromwell escribió al Parlamento: “Os ruego que tratéis de evitar tenazmente los abusos de todas las profesiones, especial mente de una que a muchos los hace pobres para que los menos se hagan ricos: eso no beneficia a la comunidad”. No obstante, es demostrable que él estaba impregnado de “criterio capitalista”. (13) Por el contrario, Lutero, al proferir sus diatribas contra la usura y el préstamo a rédito, pone al descubierto un es trecho criterio “reaccionario” (visto por el capitalismo) concebido con respecto al beneficio, ante la escuela escolástica retar dada. (14) No hay que olvidar que hace hincapié en la premisa de la infecundidad del dinero, ya desechada por Antonino de Florencia, entre otros. Ciertamente no hay necesidad de detenernos aquí en más pormenores; es de mucha más importancia sentar que el significado religioso de la “profesión” estaba ex puesto a teñirse de matices y adquirir configuraciones muy di versas en sus resultados para la vida.

            Opuestamente a la concepción del catolicismo, lo característico y específico de la Reforma es el hecho de haber acentuado los rasgos y tonos éticos y de haber acrecentado el interés religioso otorgado al trabajo en el mundo, relacionándolo con la profesión. Y el desenvolvimiento de la idea estuvo particularmente ligado con el de las diversas formas de piedad en todas las iglesias reformadas. La potestad bíblica de la que Lutero se valió para recalcar la idea de profesión propicia, en lo futuro, fue ron las interpretaciones tradicionalistas. Principalmente el Antiguo Testamento, al no registrar en las legítimas profecías, así como tampoco fuera de ellas (a excepción de algún atisbo o de una que otra anticipación suelta) una superioridad de la con ciencia profana, fue el que encauzó este sentido hacia una concepción religiosa similar, esto es, que cada quien procure su sustento, y sean los impíos quienes se impacienten por amasar dinero. Este es el sentido dado a todos los pasajes que se refieren, de una manera directa, al oficio o profesión en el mundo, si bien el Talmud se apoya, no de una manera total, sino parcialmente, en diferentes fundamentos. Jesús manifiesta su personal actitud, plasmada con proverbial pureza, en el ruego de legítima procedencia oriental: “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”, y su tajante repulsión del mundo (revelado en el Nuevo Testamento) excluye toda probable alusión a él de la moderna idea de profesión. (15) Conforme al Nuevo Testamento, la era del apostolado cristiano y, en especial, la doctrina de San Pablo, toma una posición de indiferencia o por lo menos de tradicionalismo, frente a la actividad profesional en el mundo, pues las primeras gene raciones cristianas estaban transidas de alientos escatológicos: ya que todo giraba en torno a la espera de la llegada del Mesías, cada quien puede continuar ocupando en el mundo la misma situación y ejercer el mismo oficio en que le ha sorprendido Su “llamamiento”, y continuar laborando como hasta ahora. Así, pues, el pobre no es dispendioso para sus hermanos y, como quiera que sea, la espera habrá de ser corta. Lutero leyó la Biblia a través del cristal de su propia mentalidad, no sólo impregnada de tradicionalismo en el curso de los años entre 1518 y 1530 en que se produjo su desarrollo ideológico, sino que se iba saturando cada vez más. (16)

            Durante los primeros años de su labor reformadora y debido a la consiguientemente desmedida concepción materialista de la profesión, predominó en él frente a cualquier actividad en el mundo, una idea a la indiferencia escatológica paulina manifiesta en la primera epístola a los Corintios, cap. 7: (17) cualquier situación es buena para alcanzar la bienaventuranza; en la vida del hombre, dada la brevedad de su corto peregrinar, no tiene sentido conceder importancia capital a la clase de actividad que le ocupe. El afán de hacinar bienes materiales que sobrepase a la propia necesidad, muestra un estado de gracia imperfecto, por lo cual es censurable, puesto que, además, únicamente puede perpetrarse a costa de los demás. (18) Pero, Lutero, según se va en marañando en las discusiones y negocios de este mundo tiene en más estima el trabajo profesional; siendo así, se vuelve a cada paso más clara la concepción de que el ejercicio de una profesión específica se convierte en una especie de mandato que Dios destina a cada quien, exigiéndole continuar en el estado en que se encuentra situado por disposición de la Divina Providencia. Y como sea que, tras las luchas con los “espíritus fanatiza dos” y la rebeldía de la gente de campo, se apodera de Lutero la idea más clara que antes, como consecuencia directa de la voluntad de Dios que el orden objetivo histórico en que el individuo se encuentra es por Su designio, (19) la insistencia siempre más vigorosa del factor providencial en todos los incidentes de la vida del hombre, desemboca irremediablemente en una peculiar idea tradicionalista semejante a la del “destino”; cada uno ha de mantenerse en la profesión y en el estado en que Dios le ha colocado de golpe y para siempre y reprimir en esa limitación todos sus anhelos e impulsos en este mundo. Así, pues, el tradicionalismo económico, que en los comienzos es producto de la indiferencia paulina, va derivando en fruto de la creencia, siempre más arraigada, de la predestinación, (20) que identifica la obediencia incondicional a los preceptos divinos (21) y la in condicional resignación con el lugar en que cada uno se encuentra colocado en el mundo. La vinculación del trabajo profesional con las concepciones religiosas no llegó a ser para Lutero la base de fundamentos en verdad nuevos o esenciales. (22)  La integridad de la doctrina, como único e infalible criterio de su Iglesia, sostenida por él con progresivo rigor después de veinte años de esforzada lucha, constituía en sí un impedimento para esclarecer consideraciones en el plano de la ética.

            De suerte que la idea de profesión conservó en Lutero un sello tradicionalista. (23) Profesión es algo a lo que el individuo debe someterse porque es una donación que la Providencia le ha otorgado, algo ante lo cual debe “allanarse”, y tal idea establece la razón del trabajo profesional como misión, como la misión impuesta por Dios al hombre; (24) este rasgo resulté aún más relevante en el posterior desenvolvimiento del luteranismo ortodoxo. En el plano de la ética, lo único nuevo fue este rasgo negativo: el eclipse de los determinados deberes ascéticos (que alcanzan una superioridad con respecto a los que deben cumplir- se en el mundo) y la prédica de la sumisión a la autoridad y la resignación con el puesto asignado a cada quien en la vida. (25) Llegado el momento de examinar la ética religiosa medieval, comprobaremos que la idea de profesión en el sentido luterano había sido planeada por los místicos alemanes: es así como Tauler, (26) el que evaluaba de igual manera que Lutero las profesiones intelectuales y profanas y, en general, el más mínimo aprecio dispensado a las formas tradicionales del obrar ascético, resultado de la valía exclusiva, aquilatada en la admisión estático-contemplativa del espíritu divino por el alma. De alguna manera, el luteranismo representa, también, un retroceso en relación a los místicos, pues, en Lutero y, en especial, en su Iglesia, eran muy poco seguros los fundamentos psicológicos para una ética racional de la profesión, en tanto que las ideas místicas concuerdan más, en este punto, con la psicología de la fe pietista y cuáquera; (27) inclusive, la inclinación a una autodisciplina ascética la consideraba indigna porque santificaba las obras, razón por la cual estaba situada en un plano cada vez más secundario en su Iglesia.

            Resulta fácil comprobar que la simple idea de “profesión” con el significado luterano tiene un alcance muy dudoso para lo que perseguimos, y, por el momento, nos interesa que esto quede consignado. (28) Pero, no por ello intentamos negar, absolutamente, el significado práctico que, para los fines de nuestro trabajo, pudiera haber tenido la reorganización luterana de la vida religiosa, sino, todo lo contrario El caso es que no hay posibilidades de sacar de ella una consecuencia directa de la posición que Lutero y su Iglesia adoptaron, frente al trabajo profesional y, principalmente, porque no resulta lo bastante claro como en otros aspectos del protestantismo. Así, primero debemos investigar cuáles son sus formas, entre todas, en las que se advierte el enlace de la conducta práctica en la vida con un punto de salida religioso. Con anterioridad hicimos referencia al importante papel desempeñado por el calvinismo y las sectas protestantes en la historia del desarrollo capitalista. Y de la mi suerte que Lutero veía que a Zwinglio le alentaba un “espíritu” que no era igual al suyo, a sus sucesores les ocurría lo propio con los calvinistas. Y no puede decirse que sea una casualidad el hecho que siempre, inclusive en la actualidad, el catolicismo considere al calvinismo como su peor enemigo. Este hecho encierra, principalmente, un significado en sumo grado político: no se podría concebir a la Reforma sin el ánimo evolutivo propio de Lutero, y a la recia personalidad de él se debe su ineludible sello; sin embargo, sin el calvinismo su obra reformista no hubiera perdurado. Es bien sabido que tanto los cató licos como los luteranos aborrecen por igual al calvinismo; la razón está en el cariz ético que a éste caracteriza. Por más ligera que sea la investigación, aparece al descubierto, en seguida, que la vida religiosa y la manera de obrar en el mundo por parte de los calvinistas guarda una relación de índole fundamental distinta a la que es peculiar de los católicos y luteranos. Esto se destaca, inclusive, en la literatura religiosa. Veámoslo, estableciendo una comparación, por ejemplo, entre el final de la Divina Comedia, cuando al poeta se le agota el lenguaje para describir los misterios divinos, extasiado ante ellos en el Paraíso, con el final de este otro poema al que se acostumbra llamar la “Divina Comedia del puritanismo”. Milton, después de haber narrado la expulsión del Paraíso, en el último canto del Paradise lost, termina así: 

Atrás vuelve la vista en el instante;
Y a la parte oriental de su morada
La espada fulminante
Ven en hondas flamígeras vibrada;
su elevada puerta,
Con armas centelleantes ya cubierta,
De tremendos semblantes ocupada.

Verter les hizo lágrimas natura;
Mas la vista de un mundo, que anchuroso
Lugares ofrecía a su reposo,
Las enjuga, calmando su amargura.

Aunque errante su paso, y vagaroso,
Asidos de la mano con ternura,
En el Edén por solitaria vía
Siguen la Providencia que los guía.

Y, no ha mucho, Miguel decía a Adán:

Resta sólo que a tu sabiduría
Corresponda en los hechos la energía
De virtud, de paciencia, fe, templanza
Y amor, o caridad después llamada
 (Alma de todo), con lo cual dichoso
No te será gravoso
Dejar del Paraíso la morada;
Porque alegre, contento y satisfecho,
Más feliz la tendrás dentro del pecho (*).


            Puede suponerse, con facilidad, que a un escritor en tiempos del medievo le había de resultar imposible manifestar con tanta vehemencia esta firme consagración puritana al mundo misionero de la vida profana. Asimismo, resulta insólito en el luteranismo, y prueba de tal manifestación la tenemos, por ejemplo, en los cánticos de Lutero y Paul Gerhard. Lo que ahora se requiere es precisar con más claridad este vago conocimiento e interrogarnos acerca de los motivos propios de esta diferencia. Recurrir al “carácter popular” resulta del todo inútil, aparte de que dejaría al descubierto la ignorancia. Ahora bien, si a los ingleses del siglo XVI se les imputara un sello nacional homogéneo sería, simplemente, falsear la historia; a los “caballeros” y a los “cabezas redondas” no se les puede sólo considerar como dos partidos, sino más bien hay que tomar en cuenta la diferencia entre ellos con respecto a su condición de hombres. En consecuencia, al examinar minuciosamente la historia, hay que concederles en ello la razón. (29) Por otro lado no hay posibilidades de registrar una caracterología opuesta entre los merchants adventurers y los antiguos hanseatas, así como también es inverosímil aseverar una insondable oposición entre las características inglesas y las alemanas, comprensibles por los múltiples destinos políticos de índole tan distinta. (30) Pero sí hay claridad en las diferencias que hoy advertimos, las cuales fueron creadas, principalmente, por el poder dominante de los movimientos religiosos. (31)

            Debemos subrayar ahora que, si en nuestras pesquisas acerca de las relaciones entre la ética protestante y el espíritu capitalista en desarrollo lo hacemos partiendo de las creaciones de Calvino, del calvinismo y de las concernientes a otras sectas “puritanas”, no está en nuestro ánimo afirmar que lo que llamamos espíritu capitalista haya despertado, precisamente, merced a los iniciadores o representantes de estos credos, como objetivo de su trabajo y fundamentales actividades. En ninguno de ellos se des cubre que considerara el deseo de los bienes terrenales como valor ético, es decir, como una finalidad inherente. Y debemos hacer hincapié en que ninguno de los reformadores (sin omitir a Menno, George Fox y Wesley) concedió una importancia en grado sumo a los programas de la reforma moral. No hay entre ellos uno siquiera a quien se le pueda considerar como fundador de una sociedad de cultura ética; tampoco puede decirse que alguno representase un anhelo humanitario de reforma social o de aspiraciones culturales. El eje de su vida y su acción se circunscribía totalmente a la salvación del alma. Así, de sus ideales éticos y los efectos prácticos de su doctrina no hay otra explicación como no sea por esta otra finalidad esencial, y eran simples resultados de bases puramente religiosas. De ahí que los efectos de la Reforma en el concierto de la civilización —aun cuan do nos empeñemos en darles una importancia capital de acuerdo con nuestro enfoque— eran desenlaces inesperados y naturales de la labor de aquellos reformadores, es decir, consecuencias desviadas y opuestas, inclusive, a su pensamiento y a sus propósitos.

            De tal suerte, nuestro trabajo podría considerarse como un modesto aporte ilustrativo de cómo las “ideas” llegan a tener un alcance válido en la historia. Sin embargo, en nuestro afán de no propiciar errores acerca de esta validez derivada, a nuestro entender, de móviles estrictamente idealizados, permítasenos aún algunas consideraciones con respecto al mismo tema, antes de dar por concluida esta introducción.

            No está en nuestra intención, de ninguna manera, evaluar el idealismo de la Reforma en los matices que para el sentimiento religioso tienen que mostrarse en sus espacios circulares, entera mente exteriores; pretendemos tan solo clarificar la envoltura ex terna conferida por ciertas ideas religiosas al argumento del des arrollo de nuestra civilización moderna, la cual fue encauzada en un determinado sentido terrenal y profano por obra de un sinfín de motivos históricos. Formulamos tan solo la pregunta acerca de cuáles contenidos peculiares de esta civilización podrían ser imputados al influjo de la Reforma. Tras nuestro objetivo es conveniente alejar la idea que trataría de analizar a la Reforma como si hubiera sido propiciada por una “necesidad del desarrollo histórico”, dándole una derivación de específicos cambios de índole económica. Con el fin de reforzar la estabilidad de las iglesias de nueva creación hubieron de coadyuvar, evidentemente, gran número de complejas circunstancias históricas que en nada encajan en ninguna “ley económica” y que, además, no son susceptibles en absoluto de consideraciones desde ningún ángulo de la economía, así como, por encima de todo, hubo hechos exclusivamente políticos que influyeron. Claro que habría de ser absurdo salir a la defensa de la tesis doctrinaria (32) puesto que, según ella, el “espíritu capitalista” (con el mismo sentido eventual que le hemos dado) únicamente pudo surgir debido a la influencia de la Reforma y, entonces, el capitalismo sería un fruto suyo. En primer lugar, esta tesis queda refutada por el hecho de que mucho antes del movimiento reformista —y ello es bien sabido— ya existían importantes formas de economía capitalista. Lo que se requiere dejar sentado es si las influencias religiosas tomaron parte, y hasta qué extremo, en los pormenores y el desarrollo Cuantitativo del “espíritu” relativo al mundo y cuáles son, en definitiva, los visos que la civilización capitalista les debe. Debido a las distintas influencias entre las bases materiales y los modelos de estructuras político-sociales y, el fundamento espiritual de las diversas etapas de la Reforma, el estudio que nos ocupa debe limitarse a definir si se han dado y, en este caso, al detalle, “afinidades electivas” entre algunas particularidades de la creencia religiosa y la ética profesional. Así, tomando en cuenta dichas afinidades, hasta donde es posible, damos por esclarecido, a la par, la manera de actuar y el sentido de la actividad religiosa para influir en el desarrollo de la civilización en el plano de lo material. Cuando se hayan disipado las dudas al respecto, habrá posibilidades de llevar a cabo una tentativa de tasación relativa a la ingerencia de esos motivos religiosos en la civilización moderna y, hasta dónde lo es con respecto a elementos de diferente naturaleza.


Notas:

1. De las lenguas pertenecientes a la Antigüedad, el hebreo es la única que cuenta con expresiones de cariz similar. Así, el vocablo ngnjg  empleado con respecto a las funciones sacerdotales (Ex., 35, 21; Neh., 11,22; 1 Chr., 9, 13; 23 4 26 30), todas las actividades en favor del soberano (principalmente 1 Sam. ‘8 16; 1 Ch.., 4, 23, 29, 6), el asistimiento de un funcionario del reino (Esth., 9; 9, 3), el servicio de un celador de las tareas (Reg., 2, 12, 12), de un esclavo (Ger., 39, 11), del cultivo de los campos (I Chr., 27, 26), de los artesanos (Ex. 31 5; 35, 21; 1 Reg., 7, 14), de los comerciantes (ps., 107, 23), así como de cualquier “trabajo profesional” en el pasaje relativo a Sir., 11, 20. La voz tiene su raíz  ???= mandar, enviar; de ahí que en un principio significara “misión”. De acuerdo con estas citas, se evidencia la probabilidad de que se origina en las concepciones burocráticas del Estado egipcio, las cuales se infiltra ron en el salomónico, ordenadas en base a las prestaciones individuales. Es fa- el imaginar, conforme aprendí en A. Merx, que desde los tiempos antiguos ha quedado desvanecida esta concepción originaria, adaptándose el término a cualquier “trabajo”, transformándose, así, en un sentido tan sumamente vago, como entre nosotros el de “profesión”, con la cual marchó paralelamente, siendo empleada, antes de todo, para señalar funciones sacerdotales. La ex presión ¡ = lo «determinado”, “asignado”, “pensum”, que igualmente se revela en Sirach, 11,20 —traduciéndose de los LXX como “d?ad???”—, deriva del lenguaje burocrático un tanto feudalista como ····· (Ex., 5,13; cf. Ex., 5,14, en donde los LXX han interpretado d?ad??? por “pensum”. Sirach, 43, 10, traduce en los LXX con la voz xplua es que, en Sirach, 11,20, se emplea el vocablo para referirse a la observancia de los preceptos divinos —que se asemeja a nuestra “vocación” (dicho en alemán: Beruf, vocablo exacto a “profesión”). En torno a los pasajes de Sirach nos atenemos, en asociación de ideas a estos versos, al célebre libro de Smend acerca de Jesús Sirach y con por lo que respecta a las palabras d?ad???, a su Index zur Weisheit des Jesus Sirach (índice para el mejor entendimiento de J.S.), Berlín 1907. (Es por todos bien sabido que el texto hebreo del libro de Sirach se extravió y a Schechter se le debe el haberlo redescubierto, e igualmente la labor de completarlo con citas del Talmud. Como sea que Lutero nunca estuvo en posesión de él, ambos conceptos hebraicos no pudieron tener ascendiente alguno en su lenguaje). La lengua griega carece absolutamente de una expresión con un cariz ético parecido al de la voz alemana. La interpretación de Lutero, de una manera totalmente acorde con nuestra expresión moderna, es en Jesús Sirach, 11, 20 y 21, “sigue en tu profesión”, los LXX dicen una vez epyov y nóvoç, en un pasaje que es de creer está del todo alterado (lo que en el original en hebreo se dice es la luminosidad del auxilio divino). En cuanto a lo demás, en la Antigüedad se usó la expresión ta rpocnxovta con el significado usual de “deberes”. El vocablo xauatoc, en el lenguaje de la Stoa (de acuerdo con la observación que me sugirió Alb. Dieterich) tiene un sentido similar no obstante la raíz gramatical sin importancia. En cuanto a las demás expresiones por ejemplo, etc.) les faltan matices éticos. Ahora bien, la palabra profesión” que nosotros traducimos del latín (en el sentido de especialización en una actividad constante del individuo, la que para él por lo regular es un manantial de entradas y, en consecuencia, es una base económica segura de su vida) se manifiesta no únicamente en la pálida voz opus, sino, de manera especial con el término (de cariz más próximo, por lo menos, a la esencia ética del vocablo alemán) “oficium” (de opificium, sin matices éticos determinados en los comienzos, y, luego, en especial en Séneca, de benef., IV, 18 profesión), así como en el munus —procedente de prisiones de las municipalidades antiguas—; algunas veces se usa también la palabra professi, relacionándola de preferencia con las obligaciones de Derecho público, como antaño las declaraciones de impuestos del ciudadano, pese a que después se la utilizó con el moderno significado de “profesión liberal” (professio bene dicendi) abarcando en este riguroso círculo un significado global similar al que tiene para nosotros el término “profesión” (inclusive en su sentido más hondo; de ahí que Cicerón diga de alguien: non inteligit quid profiteatur, que expresa “desconoce su verdadera vocación’ si bien con un sello enteramente laico, sin el más mínimo cariz piadoso. Tal es el caso de la palabra ars, de manera muy particular, que en tiempos del imperio se utilizó con el significado de “oficio”. En la Vulgata se encuentran vertidos los pasajes citados de Jesús Sirach, ora opus, ora por locus (y. 21), en cuyo caso vendría a significar más o menos posición social”. Precisamente de San Jerónimo, un asceta, se deriva el complemento manda turum tuorum, el cual ha sido señalado con justicia por Brentano, sin advertir, no obstante, que ello constituye con precisión la más sobresaliente peculiaridad para demostrar la procedencia ascética. Aparte ello, se ignora de qué texto se valió San Jerónimo al traducir; existe una probabilidad acerca del influjo que pudo ejercer el antiguo significado litúrgico de la voz Analizando las lenguas románicas, únicamente hallamos la palabra española “vocación” (que implica la intención de “llamamiento” íntimo hacia algo), procedente del oficio eclesiástico, con un cariz similar al sentido literal del vocablo alemán, más, no está en uso con el puramente externo de “profesión”, que en realidad posee. Veamos, ahora, con respecto a las traducciones de la Biblia a las lenguas románicas: el vocablo “vocación”, en el español, y vocazione y chiamamento, en italiano, implican una intención similar en parte a la del lenguaje luterano y calvinista, únicamente para interpretar el xañoic del Nuevo Testamento, que expresa “llamamiento por el Evangelio a la salvación eterna” traducido en la Vulgata por vocatio. (Asombra que Brentano, loc., cit., esté en la creencia de que esta circunstancia, la cual por propio raciocinio redunda favorablemente en mi tesis sea una prueba más pronto de la presencia del sentido de “profesión”, en su significado postreformador, con anterioridad a la Reforma. Mas, no se debe hablar de eso. Con toda certeza, se requería traducir xañoic por vocatio. Ahora bien, remontándonos a la Edad Media, ¿cuándo fue utilizada la palabra en el sentido que nosotros le damos hoy en día? y ¿dónde? Podemos hallar la prueba, justamente, en el hecho de esta interpretación y en la carencia de un sentido laico del vocablo.) La misma interpretación fue dada con la palabra chiamamento que figura en la versión al italiano de la Biblia, siglo XV, comprendida en la Collezione di opere medite e rare, Bolonia, 1887, e igualmente de vocazione, que es la utilizada en las traducciones modernas. Por el contrario, aquellas palabras que en las lenguas románicas indican “profesión” en su aspecto externo y laico, de una continua acción de ingresos, no encierran ningún sentido religioso (así lo demuestran los materiales lingüísticos y cuanta información ha tenido a bien proporcionarme el profesor Baist, muy mi amigo de Friburgo), sin menoscabo de las procedentes de ministerium o, también, de officium, mismas que inicialmente tenían aquel tinte ético del que siempre estuvieron desprovistas por entero las originadas por ars, professio, implicare o impiego. Veamos la que Lutero utiliza en su traducción de los trozos del mencionado libro de Jesús Sirach: “profesión”. Ella equivale en francés a office, y. 20; labeur, y. 21, en la traducción calvinista; obra y lugar, y. 20 y 21, respectivamente, en español (conforme a la Vulgata); posto, consignada por la protestante en las nuevas traducciones. Debido al reducido número de protestantes de los países de origen románico, no se preocuparon en ejercer influjo alguno en la cuestión gramatical similar al que tuvo Lutero con su creación, quedando la palabra adoptada por la lengua alemana al nivel de cátedra lo cual no había ocurrido con anterioridad.

2. De un modo opuesto, la Confesión de Augsburgo únicamente incluye incompleto y tácito el concepto de referencia. Así declara el Art. XVI (cf. la. ed. de Kolde, pág. 43): “Pues el Evangelio. . . no quiere derribar los regímenes temporales, la fuerza pública ni el matrimonio, porque quiere que todo ello sea conservado como ordenación de Dios y que en tales estados, cada quien con forme a su profesión, manifieste caridad y realice obras buenas y justas” (en latín sólo dice: et in talibus ordinationibus exercere caritatem (pág. 42)). Por ende, con facilidad se infiere la conclusión de que “debe acatarse a la autoridad”, quedando demostrado que aquí se trata de “profesión”, por lo menos en primer plano, con el significado del párrafo 1 Cor., 7. 20. en calidad de objetiva ordenación. En tanto que en el Art. XXVII (cf. ed. de Kolde, pág. 83 infra) únicamente trata de “profesión” (in vocatione sua) en alianza con los estados señalados por Dios: pastor, autoridad, realeza, aristocracia, etcétera, en la inteligencia que ello aparece sólo en alemán, en el texto del libro de las concordias, en tanto que en la Ed. princeps alemana no figura la frase que corresponde.

            En el Art. XXVI (Kolde, pág. 81) encontramos la palabra “profesión” usada por esta única vez en un sentido que, al menos, tiene analogía con el actual concepto nuestro: “que el maceramiento no debe servir para hacerse uno digno de la gracia, antes bien para conservar derecho al cuerpo, a fin que no entorpezca lo que a cada quien le está ordenado hacer conforme a su profesión” (juxta vocationen suam, se dice en el texto latino).

3. El léxico nos demuestra, y así me ha sido confirmado gentilmente por mis colegas, señores Braune y Hoope, que con anterioridad a las tradiciones luteranas de la Biblia el vocablo “profesión” (Beruf) y que vertido al inglés es calling, al danés kald y al sueco kallelse, no figura en ninguna de las lenguas que lo incluyen más que con el claro significado laico que nosotros le damos en la actualidad. Las voces que aparecen en el holandés y tanto en el bajo como en el alto alemán de la Edad Media tenían un significado conjunto de “profesión” y “llamamiento” (Ruf), en el sentido que en la actualidad tiene en alemán, abarcando asimismo, de manera muy específica (en el medievo tardío), inclusive el nombramiento de un candidato para un beneficio eclesiástico cuya concesión de él depende coyuntura muy singular que en muchos diccionarios de las lenguas escandinavas se explica su acepción. El propio Lutero también emplea el término algunas veces dándole este último sentido. Sin embargo, aunque este singular uso del vocablo haya propiciado con el tiempo su otro significado no desvanece que la concepción moderna de “profesión” parte, inclusive en cuanto a la gramática, de las traducciones de la Biblia, de manera específica de las protestantes, y únicamente en Tauler (m. 1361) descubrimos atisbos suyos a los cuales nos referiremos más adelante. En general, todas las lenguas que han experimentado la presión dominante de las traducciones de la Biblia han dado forma a la palabra, en cambio, ello no se produjo en aquellas que, como las románicas, no hizo mella la presión, por lo menos en este sentido.
 Con el mismo vocablo de “profesión”, Lutero traduce dos conceptos que difieren totalmente entre sí. De primera intención, la “xañoic” paulina, por llamamiento de Dios para la salvación eterna (cf. 1 C., 1, 26; Eph. 1, 18; 4. 1, 4; 2 Tess., 1, 11; Hebr., 3, 1; 2. Petri, 1, 10). En cada uno de estos casos se revela el concepto netamente piadoso del llamamiento efectuado por Dios a través del Evangelio valiéndose del Apóstol, y dicha voz no está en absoluto relacionada con la “profesión” terrenal que tiene hoy en día. Con anterioridad a Lutero, las Biblias alemanas se han valido de la palabra ruffunge (esto es: llamamientos, llamadas. De este modo figura en todos los incunables que posee la Biblioteca de Heidelberg); y, ocasionalmente, en vez de “llamado por Dios”, está escrito “demandado gefordert por Dios” Secundariamente, conforme lo de jamos asentado, ha vertido los vocablos reproducidos en la nota precedente de Jesús Sirach (en la traducción de los LXX, ev twepyw oov maaavwdnti y xai euueve tw movw oov) por “sigue en tu profesión”, (beharre in deimen Beruf) “persevera en tu profesión’: en vez de decir “en tu trabajo’ En las traducciones de la Biblia autorizadas por el catolicismo que fueron elaboradas posterior mente (pongamos de ejemplo la relativa a Fleischüts, Fulda, 1871) se han mantenido en ello y en otros lugares del Nuevo Testamento. Creo que en la traducción de este pasaje de Sirach es la primera vez que la palabra alemana Beruf, esto es, profesión, está empleada con su interpretación actual meramente laica. (Esta observación (v.20): otñdi ev diaonxn oou  traducida por: “sigue en la palabra de Dios”, aún cuando los pasajes 14, 1, y 43, 10, de Sirach, revelan —acorde a la expresión hebraica ** que fue empleada por Sirach conforme a las citas talmúdicas— diadnxn que tiene el significado en efecto de algo que se ajusta al nuestro en “profesión”, que viene a ser el “destino”, el “trabajo conferido” a quien sea.) Más arriba ya comprobamos que en la lengua alemana no existe el término “profesión” con su significado posterior y de hoy en día, no usada, siquiera, por los predicadores ni por los traductores de la Biblia. Quienes tradujeron las Biblias al alemán con anterioridad a Lutero, en el pasaje de Sirach lo hacen por “obra” (Werk). Berthold von Regensburg pronuncio en sus prédicas la palabra “trabajo” que a nosotros nos serviría para hablar de profesión. Así, pues, el lenguaje sigue aquí las huellas de la Antigüedad. El primer pasaje de mi conocimiento, hasta lo presente, que en lugar de ostentar la palabra profesión (Beruf) acomoda la de “llamamiento” (Ruf) —traducida de xañoic--- en conexión al trabajo meramente profano, es el espléndido sermón de Tauler acerca de Ephe. 4 (Ed. de Basilea, f. 117 y): de los labriegos que van a “estercolar”: con frecuencia parten con más ímpetu “siguiendo confiados su llamamiento” (Ruf) que los clérigos que no respetan su vocación (Ruf) Este término no se ha infiltrado con este significado en el lenguaje laico. Comprobemos como en el habla de Lutero hay al comienzo un titubeo (Obras, ed. de Erl. 51, pag. 51) con respecto a Beruf y Ruf, sin embargo no existe una probabilidad de un influjo directo de Tauler, pese a que en la Libertad de un hombre cristiano se advierten muchas reminiscencias de esta bellísima prédica. Por de pronto, Lutero no se vaho de la palabra para dar un sentido estrictamente laico como lo hizo Tauler (sirva esto en contra de Denifle, Luther, pag. 163).
            Cierto es que el consejo de Sirach, eliminando la admonición regular de abandonarse en Dios, en el texto de los LXX, no incluye conexión directa con una estimación de religiosidad precisa del trabajo profesional laico (encontramos la expresión nóvoc, fatiga, penalidad, en el segundo pasaje que, de no hallarse alterado, designaría lo opuesto). Lo que Sirach expone se relaciona sencillamente con la amonestación del salmista (Ps., 37, 3): permanece en la tierra y aliméntate honradamente, como lo corrobora asimismo con toda claridad el hecho de encontrarse enlazado a la amonestación (v.21) de: no permita que le ciegue el resplandor de los impíos, ya que para Dios es fácil convertir el pobre en rico. Únicamente la amonestación inicial: seguir en la ** (v.20) posee cierta similitud con la xañoic evangélica, mas resulta, justamente, que Lutero no ha traducido aquí la voz griega diadnxn por profesión”. El pasaje que corresponde a la epístola primera a los corintios y su traducción, es el arco que enlaza los dos significados con apariencia heterogénea del vocablo “profesión” en Lutero.
            El pasaje en Lutero (en las modernas ediciones comunes) en el que figura este párrafo, dice: I Cor., 7, 17: “. . .cada quien se conduce del modo como el Señor le llama. . . (18) Aquel que es llamado circuncidado, no tenga prepucio. Aquel que es llamado en el prepucio, no sea circuncidado. (19) Tal circuncisión no es nada, y nada constituye este prepucio; sino custodiar el precepto del Señor. (20) Continúe cada quien en el estado en que es llamado (ev tn xa noel n exanon); el consejero reservado A. Merx me indujo a observar que esto constituye un marcado hebraísmo. En la vulgata se dice: in qua vocatione vocatus est). De ser llamado siervo no te inquietes; mas puedes ser libre, y en su momento, usa mejor de ello. (22) Pues aquel que es llamado siervo, es un liberto del Señor; y lo mismo aquel que es llamado libre, es siervo de Cristo. (23) Debéis venderos caros; no seáis siervos de los hombres. (24)Cada quien, caros hermanos, en lo que es llamado, permanece en el Señor”. l el y. 29 se observa la “brevedad” del tiempo, a lo cual siguen las conocidas indicaciones, cuya motivación es por esperanzas escatológicas (v.37) de tener las mujeres como si no se tuviesen, de comprar como si no se j lo comprado, etcétera. Lutero, en y. 20 (1523) en cuanto a la exégesis de este capítulo, traducía  “xañoic” como “llamamiento” (Ed. Erl., y. 51, pág. 51), habiéndolo interpretado como “estado”.
            Sin duda alguna en este pasaje, y únicamente en él, el vocablo xañoic tiene una gran relación al status del latín, así como a estado en nosotros (estado de matrimonio, de siervo, etc.). Mas no es igual en Brentano, op. cit., pág. 137, en el sentido de “profesión” que tiene en la actualidad. Brentano casi no ha leído esmeradamente el párrafo de referencia ni mis opiniones con respecto a él. Con un sentido que, por lo menos en algo nos recuerda éste, se encuentra esta palabra —cuya raíz tiene una analogía con exxanola “asamblea convocada”— en la literatura griega (limitados, claro está, al material lingüístico), únicamente en un episodio de Dionisio de Halicarnaso, es el caso que, por el classis latino (derivado de una voz griega) corresponde, al tratar de las clases sociales, “convocadas”, “llamadas”. Theophylaktos (s. XI-XII) interpreta 1 Cor., 7, 20: ******************* (a mi colega señor Diesman le debo haber tomado en cuenta este pasaje). Como quiera que sea la palabra xañoic no tiene nada que ver con la de ‘profesión” actual. Sin embargo, Lutero, habiendo traducido dicha palabra por ‘profesión”en la advertencia (motivada escatológicamente) de que cada quien debe permanecer en su esta do actual, al traducir después los Apócrifos, se valió de la misma palabra en la parte del consejo tradicionalista y anticrematístico de Sirach de que cada quien debe continuar en su oficio, en razón de la efectiva analogía del consejo. En realidad, ello es lo más concluyente y peculiar. El pasaje 1 Cor. 7, 17, no utiliza, conforme queda dicho, la palabra x).i con el significado de “profesión” = círculo fijado de prestaciones. Mientras tanto (o de manera simultánea), en 1530, en la confesión de Augsburgo se daba por cierto el dogma protestante de la nulidad de la superación católica de la moralidad laica, usando en este caso la expresión “cada quien conforme a su profesión” (ver nota anterior). Así esto y la progresiva apreciación (justamente al principiar el año treinta) de la santidad del orden en que cada quien se halla colocado, efecto de su creencia siempre precisada con más solidez en la singularísima providencia divina sobre los pormenores de la vida, y simultáneamente, su cada vez más firme propensión a conceptuar las ordenaciones del mundo como inmutables por voluntad divina, es lo que se manifiesta más claramente en las traducciones de Lutero. Encontramos en el latín tradicional, la palabra vocatio con el significado de llamamiento divino a una vida de santidad en el claustro o como clérigo y, en virtud de la coacción ejercida por este dogma, fue que Lutero se acogió al sentido de trabajo “profesional’ laico. Y de igual modo que ahora traduce epiov y nóvoç de Jesús Sirach por “profesión” (siendo que antes únicamente se contaba con la semejanza latina que provenía de la traducción monástica). tiempo atrás, en las sentencias de Salomón 22, 29, hubo traducido la voz hebraica **** en la que se basó la epiov del texto griego de Jesús Sirach y que, conjuntamente con la de Beruf del alemán y las nórdicas kald y kallelse, procede principalmente de la profesión sacerdotal, y en otras partes (Gen, 39, 11) por “negocio”(LXX: epyov; Vilg. : opus; inglés: bussiness, y, de manera similar, las traducciones nórdicas y por lo común todas aquellas que son de mi conocimiento). La concepción que a él se le debe del vocablo “profesión” en el sentido que le damos en la actualidad, perduró antes de todo, agregada al mero luteranismo. Los Apócrifos fueron juzgados por los calvinistas como opuestos al canon. Únicamente de resultas de una transformación que llegó a colocar en primera línea el afán tras la seguridad de la fe, admitieron e inclusive dieron inusitado realce al concepto luterano de profesión; sin embargo en las traducciones iniciales (nos referimos a las románicas) no contaban con una palabra análoga y no tenían autoridad para formarla e introducirla en las ya estereotipadas lenguas.
            En el s. XVI, al concepto de profesión, con nuestro significado hoy en día, se le concede carta de naturalización en la literatura laica. Las traducciones de la Biblia previas a Lutero tradujeron x) por “llamamientos” (Berufung). Ejemplo de ello está en los incunables de Heidelberg (1462-66, 1485). Y en la traducción de Eck, en Ingolstadt, se lee: “el llamamiento (Ruf) en que es llamado”. Las subsiguientes traducciones católicas, en su mayor parte, siguen sin rodeos a Lutero. Wiclif, en Inglaterra, es el primero de todos los traductores en utilizar (1382) el término cleping (antiguo vocablo de la lengua inglesa, suplida luego por el calling, de procedencia extranjera), que constituye lo que da el carácter de la ética de los Lolardos, pues se trata de un vocablo que ya lleva en sí el sentido que luego se reafirma en los reformados; a la inversa, Tindal, en su traducción realizada en 1539, elige el concepto de estado: “in the same state where in he was called”, esto es: “en el mismo estado en que fue llamado”, y así ocurre con la traducción ginebrina de 1557. En cuanto a la oficial efectuada por Cramer (1539) éste utiliza calling en lugar de state, en tanto que la Biblia (católica) de Reims (1582), a igual que las Biblias cortesanas anglicanas de los tiempos isabelinos ofrecen la particularidad de volver a usar el vocablo vocation, conforme a la Vulgata. Es muy satisfactorio la visibilidad de Murray, acerca que, en Inglaterra, dicha traducción de Cramer originó el concepto puritano de calling con el significado de profesión esto es trade. A mediados del s. XVI aparece con ese significado la palabra calling opinión de Murray, en 1588, se llegó a decir unlawful callings en relación a “profesiones ilícitas”, y greater callings (1603) a “elevadas”. (Es algo raro, la percepción de Brentano (loc. cit., pág. 139) al asegurar que en la Edad Media no se tradujo vocatio por profesión en virtud de que este concepto era ignorado, pues únicamente a un hombre libre le era dado ejercer una profesión y, en este caso se carecía de gente libre en las profesiones burguesas. Para mí es incomprensible esta aseveración, cuanto más que la estructura social en el medievo, contrariamente a la que existía en la Antigüedad, estaba fundamentada en el trabajo libre, y poco menos que la mayoría de los comerciantes, en especial, eran libres.)

4. Cf. para lo subsecuente, la ilustrativa explicación de K. Eger, Die Ans chauung Luthers vom Beruf (Concepción luterana de la profesión), Giessen, 1900, conteniendo sólo una falla (común a la mayoría de los autores teológicos) es tal vez el análisis sin suficiente claridad del concepto de lex naturae (al respecto ver E. Troeltsch, en la reseña de la Historia de los dogmas de Seeberg, Gött. Gel. Anz., 1902, y, particularmente, las partes que dedica a las doctrinas sociales de las Iglesias cristianas).

5. Así, Tomás de Aquino cavila acerca del universo objetivo de la sociedad, al juzgar la articulación estamentaria y profesional del individuo como obra de la divina providencia, siempre que se dedique a una específica “profesión” (tal como podíamos decir o como el propio Santo Tomás dijo: “ministerium u officium “) se basa en causae naturales. Quaest quadlibet., VII art. 17 c.:
“Hace autem diversificatio hominum in diversis officiis contingit primo ex divina providentia, quae ita hominum status distribuit. . . . secundo etiam ex causis naturalibus, ex quibus contingit, quod in diversis hominibus sunt diversas inclinationes ad diversa officia. . .‘ Asimismo, el valor estimativo de Pas cal, con respecto a la “profesión” deduce que el azar es el que decide cuando se trata de elegir la profesión (cf. referente a Pascal: A. Koster, Die Ethik Pascals (La ética de Pascal), 1907). Entre todas las éticas piadosas “orgánicas” únicamente la india, considerada la más obscura, acoge diferente actitud al respecto. La oposición entre sentido tomista y protestante de profesión —inclusive en su postrer etapa luterana—, con la cual posiblemente cabe suponer una aproximación más exacta debido al hecho de resaltar lo providencial, se muestra con tanta claridad que ya no hace falta añadir más después de la cita anterior, ya que más adelante habrá de hacer hincapié en cuanto es de estimar en las concepciones relativas al catolicismo. Acerca de Santo Tomás consultar Maurenbrecher en Th. v. Aquinos Stellung Zum Wirtschaftsle ben seiner Zeit (Posición de T. de A. ante la vida económica de su tiempo), 1898. En ciertos pormenores, se diría que Lutero coincide con Santo Tomás; sin embargo, si éste ejerce su influjo, no lo es tanto como el de la escolática en general, ya que tal como lo evidencia Denifle, el conocimiento por parte de Lutero dejaba en esto mucho que desear. (y. Denifle, Luther und Luthertum (Lutero y luteranismo), 1903, pág. 501, así como las interpretaciones de Kohler: Ein Wort zu Denifles Luther (Una palabra sobre el Lutero de Denifle), 1904, pág. 25 y s.)

6. Tomemos en cuenta lo escrito en Von der Freiheit emes Christenmenschen (De la libertad de un cristiano): a) la “doble naturaleza” humana destinada a la elaboración de las obligaciones laicas con el significado de lex naturae (reconocida con ordenación objetiva del cosmos) como resultado de que (Ed. Erl., 27, pág. 188) el individuo está sujeto, en efecto, a su cuerpo y a la comunidad social. b) En este estado (de esto se desprende un argumento más, enlazado con el anterior) si es cristiano por convicción optará (pág. 196) por corresponder, con el amor a su prójimo, a la concesión de la gracia con la que Dios lo distinguió puramente por amor. De resultas de esta unión quebrantada entre la ‘ fe” y el “amor” se entrecruza; c) la antigua base ascética del trabajo como factor mediante el cual el individuo logre dominar su cuerpo. d) Razón por la que al decir “trabajar” —como después se confirma en relación a ello, volviendo a mostrarse con una nueva significación el concepto de lex naturae en paralelo ahora con “moralidad natural”— constituye un ímpetu que Dios hubo ya grabado en Adán previamente a su caída, y al cual éste seguía “por complacer a Dios”. Por último, e) (págs. 161 y 189) en relación con Mt. 7, 18 y s., se manifiesta la imagen que cuando el trabajo es virtuoso en la profesión es y será el resultado de esa nueva vida, por obra de la fe; a pesar de todo, no esclarece la idea concluyente del calvinismo, en torno a la ‘com probación”. El ardor que inflama toda esta exposición evidencia del uso en ella de conceptuales factores heterogéneos.

7. En W. of N. 1, 2 dice así: “No esperemos nuestro alimento del gesto benevolente del carnicero, panadero, o campesino, sino de razones de su solo beneficio, no reparamos en su altruismo, por el contrario en su propio interés, y no les hablamos de nuestros menesteres indispensables, antes bien de sus ven tajas”

8. “Omnia enim per te operabitur (Deus), mulge bit per te vaccam et ser vilíssima quaeque opera faciet, ac maxima pariter et minima ipsi grata erunt”. (Exégesis del Génesis, Op. lat, exeg. ed. Elsperger, VII, 213). Anteriormente a Lutero, la idea está en Tauler, equivalente en lo fundamental, en cuanto a valor al “llamamiento” en el plano espiritual o laico. Las diversas formulaciones de las que Santo Tomás se valía destacan que él, para darle fuerza al valor de la contemplación, consideró imprescindible la interpretación del principio paulino: “aquel que no trabaja no tiene derecho a comer”, sustentando firme mente que el trabajo es un deber que atañe a todos los seres humanos lege naturae, mas no a cada uno individualmente. La ordenación graduada en el aprecio del trabajo, de las opera servilia de los labradores hacia arriba, es algo que tiene cierta relación con el sello privativo de las órdenes mendigantes vinculadas por móviles materiales a la población en donde estaban establecidas, y que fue tan ajena a los místicos alemanes como al propio Lutero, cuyos padres eran campesinos, y que tenían como del agrado de Dios, la estructuración estamentaria de la sociedad y a todas las profesiones estimadas por igual. Al respecto véanse los pasajes concluyentes de Santo Tomás en Maurenbrecher: Th. v. Aquino Stellung zum Wirtschaftsleben seiner Zeit (Posición de S.T. de A. ante la vida económica de su tiempo), Leipzig, 1898, pág. 65 y ss.

9. Algo del todo inusitado es que existan investigadores capaces de opinar que una creación de tal envergadura pudo pasar sin que de ella quedara la más pequeña huella sobre el obrar del individuo. Sinceramente, debo confesar que eso escapa a mi comprensión.

10. “La vanidad deja marcas tan profundas en el corazón del individuo, que aun el más simple golfo, pinche o mozo de cuerda se vanagloria y pondera de sus admiradores. . .“ (Ed. de Faugeres, 1, 208; cf. Koster, loc. cit. págs. 17, 136 y s). Con respecto a la postura adoptada por Port-Royal y el jansenismo frente a la “profesión” —acerca de lo cual hablaremos de nuevo más adelante—, cf. el sobresaliente ensayo del doctor Paul Honigsheim, Die Staats und Soziallehren der franzosischen Jansenisten im 17. Jahrhundert (Doctrinas sociales y políticas de los Jansenistas franceses en el siglo XVII) (Tesis doctoral de la Universidad de Heidelberg, 1914; integra una obra más completa acerca de la “prehistoria de la Ilustración francesa”; cf. págs. 138 y ss. del primer trabajo de referencia).

11. Con respecto a los Fugger opina así: no es posible que “sea justo ni grato a Dios el hecho de que una tan vasta hacienda pase a ser parte integrante del mismo cúmulo por toda la existencia de un hombre”. Substancialmente, eso significa recelo campesino ante el capital. De igual manera (ver Gr. Sermón acerca de la usura, en la Ed. En., 20, pág. 109), la adquisición de rentas es por él vista como reprochable en lo moral, puesto que la considera “algo nuevo fraguado con astucia”, es decir, que se trataba de algo insondable con relación a la economía, de igual modo que para los eclesiásticos resultaba in comprensible el trato a plazos en el comercio.

12. H. Levy ha estudiado con mucho detenimiento estos conflictos (véase su trabajo en tomo a Die Grundla des ókonomischen Liberalismus in der Geschichte der englischen Volkswirtschaft (Los fundamentos del liberalismo económico en la historia de la economía inglesa), Jena, 1912). Cf. asimismo los leveller, por ejemplo en el ejército de Cromwell en combate con los monopolios y las compañías (1653), en Gardiner, Commonwealth, II, pág. 179. En cambio, el régimen de Laud pretendía una organización económica de tipo cristiano-social” gobernada por el rey y por la Iglesia, de la cual el monarca esperaba grandes beneficios políticos, así como fiscales y monopolistas. Y, precisamente, los puritanos enfocaban su contienda hacia eso.

13. Esto que tratamos de expresar puede ponerse en claro tomando como modelo el manifiesto a los irlandeses que le sirvió a Cromwell para dar comienzo a su lucha de exterminio contra ellos (1650) y que constituía la res puesta al del clero católico irlandés de Clomacnoise de 4 y 13 de diciembre del año de 1649. En las partes de más enjundia se dice: “Englishmen had good inheritances (en Irlanda especialmente) which many of therm purchased with their money. . . they had good leases from Irishmen for long time to co me, great stocks thereupon, houses and plantations erected at their cost and charge. . . You broke the union. . .at time when Irland was in perfect peace and when though the example of English industry, through commerce and traffic, that which was in the nations hand was better to them than if ah be land had been in their possesion. . . Is God, will God be with you? 1 am conf; dent he will not”. El contenido de este manifiesto nos hace recordar los editoriales de los periódicos ingleses durante la guerra de los boers; no puede considerarse característico por instituir como base jurídica de la guerra del “interés” capitalista de los ingleses —que bien pudo haber sido motivo de pláticas, pongamos por ejemplo, entre Venecia y Génova por cuanto a la amplitud de su espacio de intereses en Oriente (con gran extrañeza Brentano me opone es ta objeción (op. cit., pág. 142) no obstante mi propia insistencia en ello)—, por el contrario lo concluyente de tal manifiesto es, sin duda, el hecho de que Cromwell, con el cabal convencimiento (bien sabido de todo aquel que no ignora su modo de ser), establece la autenticidad ética de la subordinación de los irlandeses en la coyuntura de que el capital inglés los ilustró en el espíritu del trabajo, y para ello invoca el nombre del Ser Supremo. (El documento se encuentra impreso y examinado por Carlyle y resumido en la Hist. of the Commonwealth, 1. pág. 163 y s.; asimismo contamos con la traducción ale mana en el Cromwell de Honig.)

14. No es éste, el momento oportuno para hacer hincapié, pormenorizan do, en ello. Tomar en cuenta los autores nombrados en dos notas más adelante.

15. Consultar a Julicher, en su bello libro acerca de las Gleichnisrede Jesu Para bolas de Jesús), vol. II págs. 636, 108 y siguientes.

16. Previa continuación, véase en especial, lo expuesto por Eger, loe. cit. Asimismo hemos de mencionar la notable obra, que aún no se considera caduca, de Schneckenburger (Vergleichende Darstellungdes lutheriechen und reformiertes Lehrbegriffs (Estudio comparativo de la doctrina luterana y reformada), ed. por Guder, Stuttgart, 1855). En la Ethik Luthers (Ética de Lutero), de Luthardt, pág. 84 de la. ed. (única en mi poder), no se encuentra bien explicada la evolución de referencia. Cf. igualmente la historia de los dogmas, de Seeberg, t. II, pág. 262 ira. Profesión en la”Realenzyklop f. prot. Theol. und Kirche”, es un artículo carente de valor, en el cual en vez de un examen científico del concepto, se exponen algunas consideraciones vagas acerca de los más diversos asuntos problemáticos, tales como el feminismo y otros similares. Por lo que respecta a las obras de economía de Lutero, consignemos tan sólo los ensayos de Schmoller, Gesch. der nationalküon. Ansich ten in Deutschland während der Reformationszeit (Historia de las doctrinas económicas en Alemania en la época de la Reforma), en la “Z. f. Staatswiss”, XVI, 1860; el trabajo que mereció ser premiado, de Wiskeman en 1861 y la obra de Frank G. War, Darstellung und Würdigung von Luthers Ansichten vom Staat und semen wirtschaflichen Aufgaben (Exposición y crítica de la doctrina de Lutero sobre el Estado y sus funciones económicas), Conrds Abh. XXI, Jena, 1898. En cuanto a este punto determinado, soy de la opinión de que no puede decirse que haya aportado nada nuevo la literatura, valioso en otras consideraciones, en rededor de Lutero a propósito del centenario de la Re forma. En cuanto a la ética social de Lutero (y, en general, luterana), como quiera que sea deberá ser consultada la obra de Troeltsch acerca de las “doctrinas sociales”.

17. Análisis del cap. 7 de la epístola primera a los Corintios, 1523, Ed. Erl., 51, pág. 1 y as. Lutero calificó aquí el concepto de la igualdad de “toda profesión ‘ante Dios, con el significado de este pasaje, aun de manera que, primeramente, se siente forzado a refutar cualquier estatuto humano (voto monacal, impedimento de casamiento mixto, etc.); y, también, destaca en calidad de precepto de amor al prójimo la observancia (que implica en sí indiferencia para con Dios) de las obligaciones para con los demás. Ciertamente, los peculiares raciocinios que págs. 55-56, por ejemplo, se relacionan con el dualismo de la lex naturae y la justicia ante el Altísimo.

18. Ver la parte en que Sombart, asistiéndole la razón ha puesto como lema de lo que expone acerca del “espíritu del oficio” (esto es: tradicionalismo): Del comercio y de la usura, 1524. Dice: “En este comercio tu propósito no debe ser otro que perseguir tu alimento suficiente; luego, hacer el cálculo y el cómputo del coste, el vigor, el trabajo y el riesgo, y, en orden a ello, disponer, elevar o reducir la mercadería para conseguir beneficio por este trabajo y tu energía”. He ahí formulado este principio tomista por excelencia.

19. En su carta dirigida a H. y. Sternberg (1530), con la que le va dedicada la Exégesis del Psalmo 117, el “estado” de la nobleza (inferior), no obstante su depravación moral, se muestra como fundado por el propio Dios (Ed. Erl. 40, pág. 282 infra). El sentido concluyente que los altercados de Münzer significaron para el desenvolvimiento de esta idea se revela con toda claridad en la carta (pág. 282 supra). Cf. asimismo Eger op. cit., pág. 150.

20. La interpretación de los vv. 5 y 6 del Salmo III (Ed. Erl., 40, págs. 215 y 216) (1530), se fundamentan también en la controversia ante la supremacía de las ordenaciones del orbe mediante los monasterios, etc. Aquí, la lex naturae (en contradicción al Derecho positivo, a semejanza de como lo forjan el soberano y los juristas) está identificada de manera directa con la justicia divina, digamos que es una institución de Dios y entraña principalmente la estructura estamentaria de la sociedad (pág. 215, prop. 2 in fine), poniéndose, así, de relieve sobre todo el mismo valor de cada uno de los estados ante el Altísimo.

21. Como lo da a saber específicamente en los trabajos Von Konzilien und Kirchen (De los concilios e Iglesias) (1539), así como Kurzes Bekenntnis vom heíligen Sakrament (Breve confesión del santo sacramento) (1545).

22. Hasta donde Lutero considera en segundo plano el concepto de la comprobación del cristiano en su trabajo profesional (de tanta importancia para nosotros y autoritario en el calvinismo) se evidencia en este fragmento del Von Konzilien und Kirchen (1539); Ed. ErI., 25, pág. 376 infra: además de estas siete notas esenciales (mediante las cuales se identifica la Iglesia verdadera), existen otras señales externas que ayudan igualmente a identificar la santa Iglesia cristiana. . .siempre que no seamos libertinos y beodos, arrogantes; altivos y soberbios, antes bien castos, honrados y parcos”. Tales señas, en opinión de Lutero, no son tan efectivas como los “precedentes” (integridad de la doctrina, preces, etc.) “pues de igual modo varios infieles se han aplicado en esa clase de obras y pueden haber parecido más santos que cristianos”. En lo personal Calvino no discrepaba mucho de esta postura, conforme veremos más adelante. En cambio, con el puritanismo era diferente. Sea lo que fuere, para Lutero, el cristiano sirve a Dios únicamente in vocatione, no per vocationem (Eger, pag. 117 y as). Por el contrario, en los místicos alemanes se advierten ciertas anticipaciones del concepto de la comprobación (si bien no tanto en su interpretación calvinista como en la pietista) de cariz estrictamente psicológico (cf. véase la Historia de los dogmas de Seeberg, pág. 195, en la que se cita un fragmento de Suson y se transcriben las demostraciones a las que con anterioridad nos hemos referido, de Tauler).

23. Su determinante manera de verlo surge concreto en los raciocinios de la interpretación del Génesis (op. lat. exeget., ed. Elsperberg): Vol. IV, pág.

109: “Neque haec fuit levis tentatio, intentum esse suae vocationi et de allis non esse curiosum. . . Paucissimi sunt, qui sua sorte vivant contenti. . . (pág. 111 eod.) Nostrum autem est, ut unisquisque maneat in sua vocatione et suo domo contentus vivat de allis autem non sit curiosus”. Es fácil reconocer que esto pertenece al tradicionalismo expuesto por Santo Tomás, th. V. 2 gen., 118, art. 1 c.: “Unde necease est, quo bonum hominis circa ea consistat in quaclam mensura, aum scuicet nomo. . . quaerit habere exteriores divitias, prout sunt necessariae ad vitam ejus secundum suam conditionem. Et ideo in excessu hujus mensurae consisti peccatum, dum scilicet aliquis supra de bitum modum vult eas vel acquirere vel retinere, quod pertinet ad avaritiam”. Santo Tomás apoyaba en la lex naturae (de la misma forma que aparece en el fin, ratio, de los bienes externos) lo pecaminoso del exceso en el ansia de lucro, saliéndose del límite que la urgencia del propio menester señala, en relación al estado en que el hombre se halla. Lutero lo basa en la voluntad de Dios. Ahora bien, la conexión entre la fe y la profesión según Lutero (vol. VII, pág. 225): “. . . quando es fidelis, tum placent Deo etiain physica, carnalia, animalia, officia, sive edas, sive bibas, sive vigiles, sive dormis, quae mere corporalia et animalia sunt. Tanta res est fides. . . Verum est quidem, placere Deo etiam in impiis sedulitatem et industriam in officio (tal acción profesional es una integridad del ánimo lege naturae). Sed obstat incredulitas et vana gloria, ne possint opera sua referre ad gloriam Dei (ecos de manifestaciones calvinistas). . . Merentur igitur etiam impiorum bona opera in hac quidem vita praemia sua (antítesis al vitia specie virtutum palliata de San Agustín) sed non numerantur, nom colligintur in altero”.

24. En el Sermonario eclesiástico (Ed. Erl., 10; págs. 233, 235-236) se lee:
“Cada quien recibe el llamado en una profesión ‘. A tal Beruf (Befehi (pág. 236) por mandato orden) debe esperarse y reverenciar en ella a Dios. Aquello que es del agrado de Dios no es precisamente lo efectuado, antes bien el acata miento que a través de ella se le brinda.

25. En cuya virtud (disconforme a lo que más arriba quedó dicho acerca de los resultados del pietismo en cuanto al sentido de la economía en las obreras) se afianza que no es insólito hallar muchos de los modernos empresarios, por ejemplo, en Westfalia, con una mentalidad tradicionalista, más aguda, especialmente, en quienes son más fieles a los dogmas de la Iglesia luterana, declarados antagonistas de cualquier cambio en los sistemas de trabajo (hasta sin meditar en el tránsito de la metodicación de las factorías), pese a la incitante superior ganancia que se les facilitaría conseguir, ante la creencia de que en el mas allá ya lograrán la compensación justa. Está demostrado que el simple hecho de ser adepto a una Iglesia y a una doctrina no es suficiente para ejercer una influencia decisiva en el comportamiento. Se trata de contenidos religiosos de gran trascendencia, con mucha mayor concreción aquellos a los cuales el desenvolvimiento del capitalismo les debe desde antes y en la actualidad un influjo mucho más considerable.

26. Cf. Tauler, Ed. de Basilea, Bl. 161 y s.

27. Cf. la prédica sentimental por excelencia de Tauler, loc. cit., y Fol. 17, 18, y. 20.

28. Siendo que en esta parte ello implica el exclusivo fin de nuestras consideraciones acerca de Lutero, hemos de contentarnos con estas pinceladas demasiado pobres de su dogma, insuficientes, lo declaramos con sinceridad, para realizar una valoración conveniente de su aspecto.

29. Indudablemente, aquel que apruebe el ordenamiento histórico de los Leveller correrá la misma suerte, pudiendo dilucidar esto por diferencias étnicas. En tanto que eran representativos de los anglosajones, creían apoyar su birthright contra la sucesion de Guillermo el Conquistador y los normandos. Para nosotros resulta ya asombroso que hasta lo presente no haya surgido per sona que esté resuelta a interpretar con significado antropométrico, en calidad de “cabezas redondas” a los plebeyos Roundhead.

30. La arrogancia nacional del inglés es el resultado de la Magna Charta, así como de las grandes contiendas. La clásica expresión de She looks like an English girl (mira como una joven inglesa), destinada a las bellas jóvenes extranjeras, ya se usaba en el s. XV.

31. Claro está que en Inglaterra también han continuado tales diferencias.

La esquirearquía, en especial, ha sido hasta hoy, representativa de la merry old England, y a lo largo de la Reforma se puede conceptuar como el combate ín timo de un britanismo de dos tipos. En esta cuestión estoy de acuerdo con las reflexiones de M. J. Bonn (en la Frankf. Zeitung) en torno al ensayo espléndido de V. Schultz—Gavernitz acerca del imperialismo inglés. Cf. H. Levy en el Arch. f. Sozialwiss., XLVI, 3.

32. No obstante, en este tenor, de continuo, hasta causarme extrañeza, acerca de estas y las subsecuentes consideraciones que, por mi parte, juzgo formularlas con una claridad al máximo.


Weber, Max - La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Título original: Gesammelte Aufsatze zur Religionssoziologie. Volumen I, págs. 1-206. Traducción: José Chávez Martínez. Premiá editora de libros S.A. Puebla, México, 1991.

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