FERDINAND TÖNNIES - De la comunidad a la sociedad



Orden. Derecho. Costumbres 
Existe un contraste entre un orden social que -basándose en el consenso de las voluntades- descansa en la armonía y se desarrolla y ennoblece mediante las tradiciones, las costumbres y la religión, y un orden que -basándose en la unión de voluntades racionales-descansa sobre convenios y acuerdos, es protegido por la legislación política y encuentra su justificación ideológica en la opinión pública. 
Hay, además, en el primer caso, un sistema común y obligatorio de derecho positivo, de normas imponibles, que regulan las relaciones entre las voluntades. Tiene sus raíces en la vida de familia y se basa en la propiedad de la tierra. En lo esencial determina sus formas el código de tradiciones y costumbres. La religión consagra y glorifica esas formas de la voluntad divina, es decir, interpretadas por la voluntad de sabios y gobernantes. Este sistema de normas está en contraste directo con el derecho positivo análogo que sostiene la identidad independiente de las voluntades racionales individuales en todas sus intervenciones y complicaciones. El segundo procede del orden convencional del comercio y demás relaciones análogas, pero sólo alcanza validez y fuerza obligatoria mediante la voluntad y el poder soberanos del Estado. Así, se convierte en uno de los instrumentos de política más importantes; sostiene, impide o fomenta las tendencias sociales; es defendido o rebatido públicamente por doctrinas y opiniones y se modifica por ese medio, haciéndose más estricto o más indulgente. 
Existe, además, el concepto dual de la moral como un sistema puramente ideal o mental de normas para la vida de la comunidad. En el primer caso, es principalmente expresión y órgano de creencias y fuerzas religiosas, entrelazadas por necesidad con las condiciones y realidades del espíritu de familia y las tradiciones y costumbres. En el segundo caso, es íntegramente producto e instrumento de la opinión pública, que abarca todas las relaciones resultantes de la sociabilidad contractual, de los contactos y de los propósitos políticos. 
Disolución 
La esencia del cuerpo social y de la voluntad social consiste en armonía, tradiciones, costumbres y religión, cuyas formas múltiples se desarrollan en condiciones favorables mientras viven. Así, cada individuo recibe su parte de ese centro común, que se manifiesta en su propia esfera, es decir, en su sentimiento, en su mente y su corazón, y en su conciencia, tanto como en su medio ambiente, sus posesiones y actividades. Esto puede decirse también de cada grupo. En ese centro tiene sus raíces la fuerza del individuo, y sus derechos nacen, en última instancia, del único derecho originario que en su carácter divino y natural lo abarca y lo sostiene, lo mismo que lo hizo y lo impulsará. Pero en determinadas circunstancias y en ciertas relaciones, el hombre se manifiesta como un agente libre (persona) en sus actividades autodeterminadas, y hay que concebirlo como una persona independiente. La esencia del espíritu común se ha debilitado tanto, o es tan tenue el vínculo que lo une con los otros, que hay que excluirlo de toda consideración. En contraste con las relaciones familiares y cooperativas, esto vale para todas las relaciones entre individuos independientes cuando no hay un entendimiento común ni la costumbre o la creencia consagrada por el tiempo crean un vínculo común. Esto significa guerra y libertad ilimitada de cada uno para destruir y someter a los demás, o, si advierte en ello una posible ventaja mayor, para concertar acuerdos y fomentar vínculos nuevos. En la medida en que existe esa relación entre grupos o comunidades cerradas o entre sus individuos, o entre los individuos pertenecientes y los no pertenecientes a una comunidad, no cae dentro del alcance de este estudio. En este respecto, vemos una organización de la comunidad y unas condiciones sociales en que los individuos permanecen aislados y en velada hostilidad entre sí, de suerte que sólo el temor a una represalia eficaz les hace abstenerse de atacarse unos a otros, y, en consecuencia, aun las relaciones pacificas y de vecindad se basan realmente en una situación de guerra. Éste es, según nuestros conceptos, el estado de civilización de la Gesellschait, en la que la paz y el comercio se mantienen mediante convenios y el miedo mutuo subyacente. El Estado protege esta civilización con la legislación y la política. Hasta cierto punto la ciencia y la opinión pública, al tratar de concebirla como necesaria y eterna, la glorifican como progreso hacia la perfección. 
Pero en la organización y el orden de la Gemeinschaft perduran la vida y la cultura populares. El Estado, que representa y encarna la Gesellschait, se opone a ellas con odio y desprecio velados, tanto más cuanto más se ha alejado de ellas y se ha hecho extraño a esas formas de vida de la comunidad. Así, también en la vida social e histórica de la humanidad hay en parte interrelación estrecha, en parte yuxtaposición y oposición de la voluntad natural y de la racional. 
Pueblo y Estado 
Del mismo modo que la voluntad natural del individuo se convierte en pensamiento puro y voluntad racional, que tienden a anular y a subyugar a sus predecesores, las formas colectivas originarias de Gemeinschaft se convirtieron en Gesellschaft  y en la voluntad racional de la Gesellschaft, En el transcurso de la historia, la cultura popular dio origen a la civilización del Estado. 
Los rasgos principales de ese proceso pueden describirse del modo siguiente. La masa anónima del pueblo es la fuerza originaria y predominante que crea las casas, las aldeas y las ciudades del país. También proceden de ella los poderosos y autodeterminados individuos de tipos muy diferentes: príncipes, señores feudales, caballeros, así como sacerdotes, artistas, sabios. En la medida en que su situación económica está determinada por el pueblo en general, todo su poder social está condicionado por la voluntad y la fuerza del pueblo. Su unión en escala nacional, que es lo único que puede hacerles predominar como grupo depende de condiciones económicas. y su poder real y esencial es poder económico, que los comerciantes consiguen antes que ellos, con ellos y en parte contra ellos, mediante el dominio sobre la fuerza de trabajo de la nación. Ese poder económico es adquirido de muchas maneras, la más alta de las cuales es la producción capitalista planificada o la industria en gran escala. A través de los comerciantes se crean las condiciones técnicas para la unión nacional de individuos independientes y para la producción capitalista. Esta clase mercantil es por naturaleza, y casi también por origen, tan internacional como nacional y urbana, es decir, pertenece a la Gesellschaft, no a la Gemeinschaft. Más tarde todos los grupos y dignatarios sociales, y, por lo menos en tendencia, todo el pueblo, adquieren las características de la Gesellschaft. 
Los hombres cambian de temperamento según el lugar y las condiciones de su vida diaria, que llega a ser apresurada y variable a través de un esfuerzo incesante. Simultáneamente, al lado de esta revolución del orden social, tiene lugar un cambio gradual del derecho, tanto en el sentido como en la forma. El contrato en cuanto tal se convierte en la base de todo el sistema, y la voluntad racional de la Gesellschaft formada por sus intereses, se combina con la voluntad autoritaria del Estado para crear, mantener y modificar el sistema jurídico. De acuerdo con esta concepción, el derecho puede cambiar por completo la Gesellschaft según su discriminación y finalidad; cambios que, sin embargo, serán en interés de la Gesellschaft, favoreciendo la utilidad y la eficacia. El Estado se libra cada vez más de las tradiciones y las costumbres del pasado y de la creencia en la importancia de las mismas. Así, las formas del derecho pasan de ser un producto de las tradiciones y las costumbres populares, y de ser derecho consuetudinario, a ser un derecho puramente legalista, producto de la política. El Estado, sus departamentos y los individuos son los únicos agentes que perduran, en vez de las numerosas y diversas asociaciones, comunidades y repúblicas que se desarrollaron orgánicamente. Los caracteres del pueblo, que fueron influidos y determinados por las instituciones previamente existentes, sufren nuevos cambios para adaptarse a las nuevas y arbitrarias construcciones jurídicas. Aquellas instituciones anteriores pierden la firme vigencia que les dieron las tradiciones, las costumbres y el convencimiento de que eran infalibles. 
Finalmente, como consecuencia de los cambios y a su vez como una reacción contra ellos, se verifica una inversión completa de la vida intelectual. Arraigada originariamente por completo en la imaginación, ahora depende del pensamiento. Anteriormente todo se centraba en torno de la creencia en seres invisibles, espíritus y dioses; ahora todo se enfoca sobre el conocimiento de la naturaleza visible. La religión, que tiene sus raíces en la vida del pueblo, o por lo menos está estrechamente relacionada con ella, cede la supremacía a la ciencia, que se deriva de la conciencia y corresponde a ésta. Esa conciencia es un producto del saber y la cultura y, en consecuencia, está muy lejos del pueblo. La religión tiene un contacto inmediato y es de carácter moral porque se relaciona muy profundamente con el vínculo físico-espiritual que une a las generaciones humanas. La ciencia recibe su sentido moral sólo de la observación de las leyes de la vida social, que conduce a formular reglas para un orden arbitrario y razonable de la organización social. La actitud intelectual de los individuos es cada vez menos influida por la religión y cada vez más por la ciencia. Utilizaremos los resultados acumulados por las investigaciones de la industriosa generación anterior, para descubrir Los enormes contrastes que entrañan los polos opuestos de esta dicotomía y las fluctuaciones dichas. Mas, para esta exposición, pueden bastar las observaciones siguientes, destinadas a esbozar los principios básicos. 
Tipos de vida real de la comunidad 
Las formas externas de vida de la comunidad representadas por la voluntad natural y la Gemeinschaft se diferenciaron en casa, aldea y villa. Éstos son los tipos duraderos de vida real e histórica. En una Gesellschait desarrollada, como en las etapas primeras e intermedias, la gente vive agrupada de esas diferentes maneras. La villa es la forma más alta, es decir, más complicada, de vida social. Su carácter local, común con el de la aldea, contrasta con el carácter familiar de la casa. Aldea y villa conservan muchas características de la familia, más aquella que ésta. Sólo cuando la villa llega a ser ciudad se pierden casi por completo esas características. Los individuos o las familias son entidades independientes, y su localización común no es más que un lugar elegido accidental o deliberadamente para residir. Pero mientras la villa sigue viviendo en la ciudad, perduran en la Gesellschaft elementos de la vida de la Gemeinschaft, como la única forma real de vida, aunque van retrasándose y decayendo. Por otra parte, cuanto más se generaliza el estado de Gesellschaft en una nación o un grupo de naciones, más empiezan a parecerse a una gran ciudad todo el "país" o todo el "mundo". Pero en la ciudad, y por lo tanto donde prevalecen las condiciones generales características de la Gesellschaft, únicamente los estratos superiores, es decir, los ricos y los adultos, están verdaderamente activos y vivos. Ellos son los que fijan las normas a que tienen que ajustarse los estratos inferiores. Las clases inferiores se ajustan en parte para desplazar a las otras, en parte por imitarlas, a fin de conseguir para sí mismas poder e independencia sociales. Forman la ciudad, para ambos grupos (como en el caso de la "nación" y el "mundo"), personas libres que están en contacto unas con otras, hacen intercambios entre sí y cooperan sin que además se desarrolle entre ellas ninguna Gemeinschaft ni voluntad, salvo la que pueda producirse esporádicamente, o sea un residuo de las condiciones anteriores. Por el contrario, los numerosos contactos externos, los contratos y las relaciones contractuales no hacen más que encubrir otras tantas hostilidades internas e intereses antagónicos. Esto es particularmente cierto del antagonismo entre la clase rica o la llamada culta y la clase pobre o sirviente, que tratan de atajarse o destruirse mutuamente. Es este contraste el que, según Platón, da a la "ciudad" su carácter dual y la divide. Según nuestro concepto, esto mismo es lo que constituye la ciudad, pero el mismo contraste se manifiesta igualmente en toda relación en gran escala entre capital y trabajo. La vida común de la villa perdura dentro de la Gemeinschaft de la familia y de la vida rural; se consagra a algunas actividades rurales, pero se interesa especialmente por las artes y los oficios que nacen de las necesidades y los hábitos naturales. Pero la vida de ciudad se diferencia radicalmente de eso; esas actividades fundamentales se usan sólo como medios e instrumentos para los fines especiales de la ciudad. 
La ciudad es típica de la Gesellschaft en general. Es esencialmente un centro comercial y, en la medida en que el comercio domina su trabajo productivo, un centro fabril. Su riqueza es riqueza de capital que se emplea y multiplica en forma de comercio, usura o capital industrial. El capital es el medio para la apropiación de los productos del trabajo o para la explotación de los trabajadores. La ciudad es también el centro de la ciencia y la cultura, que siempre van a la par con el comercio y la industria. Allí las artes tienen que ser un modo de vida; son explotadas de un modo capitalista. Las ideas se divulgan y cambian con rapidez asombrosa. Mediante la distribución en masa, los discursos y los libros se convíerten en estímulos de extraordinaria importancia. 

Contrapartida de la Gemeinschaft 
La vida de familia es la base general de la vida en la Gemeinschaft. Subsiste en la vida de la aldea y de la villa. La comunidad aldeana y la villa pueden considerarse familias grandes, representando los diferentes clanes y linajes los organismos elementales de su cuerpo; las guildas, las corporaciones y las ocupaciones, los tejidos y órganos de la villa. Aquí, el parentesco originario y la posición heredada siguen siendo una condición esencial, o por lo menos sumamente importante, para participar plenamente de la propiedad común y de otros derechos. Los extraños son admitidos y protegidos como sirvientes o como visitantes. ya temporalmente o bien de manera permanente. Así, pueden pertenecer a la Gemeinschaft como objetos, pero no fácilmente como agentes y representantes de la Gemeinschaft... En circunstancias especiales, todas esas relaciones pueden convertirse en mero intercambio interesado y revocable entre partes contratantes independientes. En la ciudad ese cambio, por lo menos en lo que respecta a todas las relaciones de servidumbre, es natural y se generaliza cada vez más a medida que aquélla crece. La diferencia entre naturales y extranjeros pierde importancia. Cada uno es lo que es, mediante su libertad personal, mediante su riqueza y sus contratos. Es un servidor sólo en la medida en que haya prestado algunos servicios a otro, y amo en la medida en que recibe servicios análogos. La riqueza es, ciertamente, la única característica diferenciadora efectiva y originaria; mientras que en la Gemeinschaft se considera a la propiedad como participación en la propiedad común, y en cuanto concepto jurídico específico es totalmente consecuencia de la libertad o la inventiva, ya sea originaria o adquirida. Por lo tanto, la riqueza, en la medida en que es posible, corresponde al grado de libertad que se posee. 
En la ciudad… la vida de familia está en decadencia. Cuanto más prevalece y más dura, más adquieren los residuos de vida familiar un carácter puramente accidental. Porque hay pocos que limitan sus energías a un circulo tan estrecho: todos son atraídos hacia afuera por negocios, intereses y placeres, y así se separan unos de otros. Los grandes y poderosos, sintiéndose libres e independientes, han sentido siempre fuerte inclinación a romper las barreras de las tradiciones y las costumbres. Saben que pueden hacer lo que les acomode. Tienen poder para producir cambios en su favor, y esto es prueba positiva de poder arbitrario individual. El mecanismo del dinero. en circunstancias habituales y si funciona a alta presión, es un medio para vencer toda resistencia, para obtener todo lo que se necesita y se desea, para eliminar todos los peligros y para curar todos los males. Pero no siempre es así. Aun cuando se eliminen todos los controles de la Gemeinschaft, hay, no obstante, controles en la Gesellschaft (en el sentido más estricto) a que están sometidos los individuos libres e independientes. Pues en la Gesellschaft (en el sentido más estricto) el convenio toma en gran parte el lugar de las tradiciones, las costumbres y la religión. Prohíbe muchas cosas por dañinas al interés común que las tradiciones, las costumbres y la religión condenaban por malas en y por sí mismas. 
La voluntad del Estado desempeña el mismo papel mediante los tribunales y la policía, aunque dentro de límites más estrechos. Las leyes del Estado se aplican por igual a todo el mundo; sólo se considera irresponsables ante ellas a los niños y los locos. Las convenciones conservan por lo menos la apariencia de la moral; se relacionan aun con las tradiciones, las costumbres y el sentimiento religioso y estético, aunque ese sentimiento tiende a hacerse arbitrario y formal. Al Estado apenas si le interesa la moral. Sólo tiene que reprimir y castigar las acciones hostiles que son dañinas para el bienestar común o manifiestamente peligrosas para él y para la sociedad. Porque, ya que el Estado tiene que administrar la prosperidad común, debe poder definirla como mejor le parezca. Al fin probablemente advertirá que ningún aumento del saber y de la cultura puede por si solo hacer mejor al pueblo, menos egoísta y más contento, y que tradiciones, costumbres y religiones muertas no pueden ser resucitadas por la coacción y la enseñanza. El Estado llegará, pues, a la conclusión de que a fin de crear fuerzas morales y seres morales tiene que preparar el terreno y llenar las condiciones necesarias, o por lo menos tiene que eliminar las fuerzas contrarias. El Estado, como razón de la Gesellschaft, decidiría destruirla o por lo menos reformarla o renovarla. El éxito de tales intentos es muy improbable. 
El verdadero Estado

La opinión pública, que somete la moral de la Gesellschaft a reglas y fórmulas y puede elevarse por encima del Estado, tiene, no obstante, decididas tendencias a apremiar al Estado a fin de que use su poder irresistible para obligar a todo el mundo a hacer lo que es útil y a no hacer lo que es dañoso. La ampliación del código penal y del poder policiaco parecen los medios adecuados para dominar los malos impulsos de las masas. La opinión pública pasa fácilmente de exigir libertad (para las clases superiores) a exigir despotismo (contra las clases inferiores). Los expedientes provisionales, las transacciones, ejercen poca influencia sobre las masas. En su busca de placeres y diversiones, sólo son limitadas por la escasez de los medios que el capitalista les proporciona como precio de su trabajo, situación que es tan general como natural en un mundo en que los intereses de los capitalistas y los comerciantes prevén todas las necesidades posibles y en competencia mutua incitan a los más diversos gastos de dinero. Sólo por el miedo a ser descubierto y castigado, es decir, por miedo al Estado, un grupo grande y especial, que comprende mucha más gente que los delincuentes profesionales, se reprime el deseo de conseguir la llave para todos los placeres necesarios e innecesarios. El Estado es su enemigo. Para ellos, el Estado es un poder extraño y enemigo; aunque manifiestamente autorizado por ellos, y aunque es encarnación de su propia voluntad, es contrario, sin embargo, a todas sus necesidades y deseos, protegiendo una propiedad que ellos no poseen, obligándolos a prestar el servicio militar a un país que les ofrece hogar y altar únicamente en forma de una habitación caldeada en el último piso, o les da, por suelo natal, las calles de una ciudad en qué contemplar el brillo y el lujo de escaparates iluminados que están para siempre fuera de su alcance. Su propia vida no es otra cosa que una constante alternativa entre trabajo y ocio, falseados ambos en la rutina de la fábrica y el bajo placer de las tabernas. La vida de ciudad y la Gesellschaft empujan a la gente común a la decadencia y la muerte; lucha en vano por adquirir poder mediante su multitud, y le parece que sólo puede emplear su fuerza en una revolución si quiere librarse de su destino. Las masas adquieren conciencia de esta situación social mediante la educación que reciben en las escuelas y los periódicos. Pasan de la conciencia de clase a la lucha de clases. Esta lucha de clases puede destruir a la sociedad y al Estado que es su intención reformar. Toda la cultura se transformó en una civilización de Estado y de Gesellscliait, y esta transformación significa la muerte de la cultura misma si no queda viva ninguna de sus desperdigadas semillas y produce de nuevo la esencia y la idea de la Gemeinschaft, alentando así en secreto una cultura nueva en medio de la decadente. 
Los periodos 

Para terminar nuestra teoría, añadiremos que se contraponen entre sí dos periodos en la historia de los grandes sistemas de cultura: un periodo de Gesellschaft sigue a un periodo de Gemeinschaft. La Gemeinschaft se caracteriza por la voluntad social en forma de armonía, tradiciones, costumbres y religión; la Gesellschaft, por la voluntad social como transacción, legislación y opinión pública. Los conceptos corresponden a tipos de organización social externa, que pueden clasificarse del modo siguiente: 
A. Gemeinschaft  comunidad
1) Vida de familia: armonía. El individuo participa en ella con todos sus sentimientos. Su verdadero agente de control es el pueblo (Volk). 
2) Vida rural de aldea: tradiciones y costumbres. El individuo entra en ella con todo su espíritu y su corazón. Su verdadero agente de control es la comunidad. .. 
3) Vida de villa: religión. El ser humano toma parte en ella con toda su conciencia. Su verdadero agente de control es la Iglesia. 
B. Gesellschaft  sociedad
1) Vida de ciudad: pacto o transacción. Ésta es determinada por los propósitos del individuo. Su verdadero agente de control es la Gesellschaft per se. 
2) Vida nacional: legislación. Ésta es determinada por los cálculos del individuo. Su verdadero agente de control es el Estado. 
3) Vida cosmopolita: opinión pública. Ésta es creada por la conciencia del individuo. Su verdadero agente de control es la comunidad de intelectuales. 

Con cada una de estas categorías se relacionan una ocupación predominante y una tendencia dominante en la vida intelectual, del modo siguiente: 
A) 
1) Economía de hogar (o de familia), basada en gustos o preferencias; es decir, en la alegría y el placer de crear y conservar. La comprensión o acuerdo produce las normas para dicha economía. 
2) Agricultura, basada en costumbres, es decir, en tareas regularmente repetidas. La cooperación es guiada por la costumbre. 
3) Arte, basado en recuerdos, es decir, en cultura, en reglas seguidas y en ideas concebidas en la mente del individuo. La fe en la obra y la tarea une las voluntades artísticas. 
B) 
1) Comercio basado en deliberación; es decir, atención, comparación y cálculo son la base de todos los negocios. El comercio es acción deliberada per se. Los contratos son la costumbre y el credo de los negocios. 
2) Industria basada en decisiones; a saber, de empleo productivo inteligente de capital y venta del trabajo. La fábrica se gobierna por reglamentos. 
3) Ciencia, basada en conceptos, y es evidente por sí misma. Sus verdades y sus opiniones pasan después a la literatura y a la prensa y llegan así a formar parte de la opinión pública. 

Épocas de los periodos 
En el primer periodo, la vida de familia y la economía casera (o familiar), son la tónica; en el último, el comercio y la vida de ciudad. Pero si investigamos más de cerca el periodo de Gemeinschaft podemos distinguir varias épocas. Todo su desarrollo tiende a acercarse a la Gesellschaft, en la cual, por lo demás, perdura la fuerza de la Gemeinschaft, aunque con fuerza decreciente, aun en el periodo de Gesellschait, y sigue siendo la realidad de la vida social. 
El primer periodo está formado por la influencia de la nueva base de la organización social que resulta del cultivo del suelo: la relación de vecindad se suma a las viejas y perdurables relaciones de parentesco, la aldea para el clan. Entra en existencia la otra época cuando las aldeas se convierten en villas. Aldeas y villas tienen en común el principio de la organización social en el espacio, en vez del principio del tiempo que predomina a lo largo de las generaciones de la familia, la tribu y el pueblo. Como desciende de antepasados comunes, la familia tiene raíces metafísicas invisibles, como si -estuvieran ocultas en la tierra. Los individuos vivos de la familia están conectados entre sí por la sucesión de generaciones pasadas y futuras. Pero en la aldea y en la villa es el suelo físico real, la localización permanente, la tierra visible, lo que crea los vinculas y relaciones más fuertes. Durante el periodo de Gemeinschaft este joven principio del espacio permanece enlazado al principio más viejo del tiempo. En el periodo de Gesellschaft se desconectan, y de esa desconexión resulta la ciudad. Es la exageración del principio del espacio en su forma urbana. En esa exageración la forma urbana contrasta agudamente con la forma rural del mismo principio, pues la aldea sigue esencial, y casi necesariamente, unida a ambos principios. En este sentido, puede considerarse todo el desarrollo continuo como un proceso de urbanización creciente. "Puede decirse que toda la historia económica de la sociedad [es decir, de las naciones modernas) se resume en la dinámica de este antagonismo", (Carlos Marx, El capital, 1, p. 286). Es decir, desde cierto punto de vista, las ciudades, por su influencia e importancia, predominan sobre la organización rural. En consecuencia, el campo y la aldea tienen que usar, para el sostenimiento y el fomento de las zonas urbanas, una parte de sus fuerzas mayor que la pueden dedicar a la reproducción. En consecuencia, la organización rural está condenada a disolverse... 


De Community and Society -Gemeinschajt und Gesellschajt, por Ferdinand Toennies, trad. y dir. Charles P. Loomis (East Lansing, Mich., The Michigan State University Press, 1957), pp. 223-233. Reproducido con autorización del director y del editor. 

Amitai y Eva Etzioni, Los cambios sociales. Fuentes, tipos y consecuencias. Fondo de Cultura Económica, México, 1964. Traducción de Federico M. Torner.




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